Mostrando las entradas con la etiqueta friendship. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta friendship. Mostrar todas las entradas

miércoles, 16 de mayo de 2018

Zvezda - Republicación

(Republicación de esta entrada, carta.)

Zvezda


Jamás olvidare aquella tarde, esa tarde mística en la que vi una estrella brillar en pleno día. Tú brillo me guió a salir de mis sombras, esas en las que me guarezco habitualmente. Algo en ti, mi estrella del norte, me llamó en ese momento, atrayéndome incontenible hacia ti, dispuesto —por un impulso arrebatador y desconocido— a conocer el por qué de ese brillo que me clamaba con flamante curiosidad. ¿Cuántas personas había entonces, en el “parque”? Fácilmente más de cien, entre parejas, padres jugando con sus hijos, ciclistas, canes y sus amos, etcétera; pero mi mirada te notó al aproximarme hacia donde sentada estabas; delante del bello jardín. En el poco tiempo que te observé mirabas a todos y a todas direcciones, enajenándote a momentos en tu pensar.
Como fuera; ahora, años después… ahora que te volví a ver confirmo lo que en ese entonces creía saber: que los años sólo te hacen más bella, aumentan tu gracia natural y, ¡hay!, más sexy. Entonces, y sé que lo sabes, no apartaba la vista de tu rostro y… también de tus atributos femeninos.
Treinta ya… Y para mí sigues siendo, en parte, a quien conocí; pero a la vez me embebe la incógnita, el secreto, lo desconocido ahora para mí en ti.
En nuestra “cita” usabas otro labial; un corte diferente, y percibí un deleitante aroma nuevo —aún persiste en mi recuerdo, intenso, el florar que solías usar—. Lo que me contaste sobre tu “nueva” vida me llenó de regocijo —exaltándome también, ya lo sabes, el escuchar tu placentero acento—; saber que en algún lugar en este frío y cruel mundo encuentras cobijo para ser quien eres, con quien quieres, sin importar que tan distantes estemos… mejor así.
Casi seguro, podía ver en tus ojos el reflejo de lo que experimentaba yo en esos momentos: recordando, pero sobre todo anhelando, viejos momentos entre sabanas y diverso mobiliario. Entonces, el impulso de tomarte de la mano y subir a tu habitación besándote de camino era intenso en mí, tanto como el vinculo que nos unió —quizá todavía—, el mismo que con certeza me hace creer que sabrías que pretendía de haberte tomado de la mano, siguiéndome el paso pues los mismos deseos te anegaban. Todo me lo confirmaste cuando, sonriendo incitadora, me tomaste de la mano y con uno de tus pies, enfundado ceñidamente entre irresistibles medias, me acariciaste la espinilla de manera seductora, consiguiendo me enervara de pies a cabeza.
Nada quería en ese momento más que sucumbir ante ti, ante tu venia y voluntad unos pisos sobre nosotros. Hacer todo, y más, de lo que repetidamente afinamos en antaño; invocar de nuevo los secretos que me mostraste; los que apenas recordar, pensar, me turban con exalto, en sobre manera, ardiendo de deseo y lujuria más allá de mi control voluntario. Escribiéndote esto, moy dorogoy, siento tu cuerpo vivo en mi mente, como si te tuviera ante mí… acariciando mi cuerpo y yo el tuyo entre besos y silencio en torno a la atmosfera de pasión y placer sensorial…; lo disfruto y me mata.
Sin embargo nada paso, ya que, pese a que no habría objeciones hacia ti, no podría hacerle eso…; se sentiría después como traición y lo bello y placentero se volvería adverso y amargo; ya me conoces. ja, ja.
Tú, mi numen, mi admirable zhenshchiny, valerosa y tenas, inteligente y feral —según lo amerite—, me mostraste tanto en estos años que mi gratitud sería una ofrenda fatua para tanto… y tanto. Me mostraste que se puede renacer de entre el fuego del ad, que la voluntad y la familia son todo por lo que vale vivir; y que son lo suficiente para lograr salir de un hondo abismo… pero sobre todo que la esperanza nutre para revivir lo que en nosotros ha ardido sin mesura hasta dejarnos derrumbados y sollozantes, deseando termine la, aparente, infinita y desmesurada agonía que nos estruja sin compasión. ¡Qué por personas como tú no es fácil decir adiós!
Dejando a un lado lo árido, lo que más valoro, moya krasivaya devushka, es la huella que dejaste en mí sobre tu género, sobre el divino ser que puede ser la mujer, entre tantos otros aspectos afines y no menos importantes. De no conocerte mi vida… No tendría la percepción que tengo del mundo, para bien y mal.
Igualmente, tengo que decírtelo porque lo considero algo trascendental en mi vida; cambió todo al mostrarme que para “amar” no sólo cuenta —o es imprescindible— “intimar y ya”, que el contacto labial es vital y… ochen' vkusnyy! ¡El placer somos nosotros, no partes concretas! Y la afinidad de edades es mera matemática, no amor o atracción.
Moy lyubovnik, querida mía, titubeaba, no sabía si plasmar esto, pero sintiendo ha pasado el tiempo acorde para hacerlo te escribo esto con profundo cariño… y deseo. ;)
Sé que no responderás a mi misiva, sin embargo, me basta con saber que la leerás.
Sigo soñando con ser tan fuerte como tú, afrontar y salvar lo que se me atraviese… Cómo solías decir: «Si quieres, hazlo»; yo digo: «Somos quienes somos; para bien y mal».

Ya tibya jachu, 7o-2l-38-11-
Vsigda vash, Д. Л. М.


viernes, 23 de diciembre de 2016

Cuando te miro

Cuando miro... cuando las miro... ¡cuando la miro!


Cuando te miro

¿En que pienso entonces? ¿Qué buscan mis ojos al rondar tu beldad?
En ti... A ti… ¡y más!
La curiosidad innata, inquisitiva, de mi mirar me guía a preguntarme indagador al verte, más allá de lo obvio y aparente, qué se oculta tras tus ojos, tu sonrisa o serio semblante, bajo esa cabellera que luces atrayente, al medio de tus oídos que, quizá como los míos, curiosos también escuchan de todo un poco, y eso que guía tu voz y todo lo que haces y eres: hablo de tu mente; pues eso somos realmente, mentes en cuerpos pulidos o erosionados; reflejo de lo que fuimos y somos… Mentes. Pues mis ojos y sentidos, instrumentados por mi cerebro, son guiados a buscarte constantemente; a veces temiendo me mires, otras directo y a hurtadillas de tu conciencia pero, siempre clamadas por tu notable belleza, y plagadas de mi curiosidad hambrienta de conocer.
Osadas veces me atrevo a imaginarte, recrearte estúpidamente en mi mente; pues escasas veces no impera la lógica y lo evidente en mi cabeza; sustituyendo entonces pensamientos fantasiosos sobre cómo eres por una cautivadora sensación interrogante, inquisitiva, preguntándome como eres en realidad, la vida, la historia tras de ti… oculta a la vista; entonces es que me arroba cada vez más el observarte, buscando ahora estúpidamente en mi mente descubrir por mi cuenta quién eres… porque sé sólo tú puedes decirme y mostrarme quien eres.
Es grato lo que perciben mis pupilas al observarte, al igual que mi mente al cuestionarme sobre ti, querida desconocida, pero más placentero seria lo que provocarías en el resto de mis sentidos si,  intimando un poco, cautivaras uno de ellos con alguno de los tuyos: si tus palabras me atrajeran sin remedio a ti, o si tu forma de ser me atrapara deseando no apartarme de ti por más que oponga resistencia… si… Tantas cosas que pueden originarse de ti. Por desgracia para mí, esto es poco probable que pase en cuestión de segundos, de un fugaz encuentro de nuestras miradas, ya que tan inquisitivo como soy, soy cauto y desconfiado por las cicatrices de un pasado distante; en proceso de secado, ja, ja.
Si por algún motivo te pudiera contemplar con constancia, y mis ojos se cansan… en mi mente moraras al ellos cesar. Y luego, quizá, con tiempo y trato, tú misma, de tu voz y actuar, me muestres quien eres; me permitas mirar dentro de ti… Bajo las prendas que te acobijan, por qué lo deseas así, no por qué lo quiera yo… ¡Mejor dicho lo anhelemos los dos con frenesí!; así pasen años, lustros o décadas, ocultándote de mí y yo buscándote entre miles… al mirar y mirar todos los días sin parar… Querida desconocida.



D. Leon. Mayén

domingo, 20 de noviembre de 2016

Bella como siempre - (Una dolorosa carta desesperada)

De los dolores más grandes, tanto cual el abismo más hondo de este mundo, el del alma, quizá, el más intenso e interminable de todos. Espero... no incurable.


Bella como siempre


Mi amada amiga. Ahora como siempre te miro preciosa, mientras descansas serena; la ausencia de mirar tus ojos en este momento no aparta la belleza de tu rostro; el que miro… me esfuerzo por imaginarlo risueño como siempre…, como me gusta verte. Algo que siempre te ha sido fácil, natural, pues tú eres así, siempre imponiéndote a toda adversidad reluciendo el regocijo innato de tu alma, tu noble felicidad, tu jovialidad contagiosa hacia la vida misma, algo de lo que te hace única, única como ningún otro ser en esta tierra. Siempre sonriente a todos, siempre agradecida, siempre esperanzada por el mañana, siempre… tú.

Ahora en el lecho descansan tus cabellos bellos. Ja, ja, ja, ¡como los llamas!, ¿recuerdas? Descansan sin que puedas alborotarlos como tanto te gusta, moverlos de aquí allá, peinarlos de cuantas formas se te ocurran. Te vez tan apacible, tanto que deseo acompañarte y quedarme a tu lado para siempre soñar con lo que sea que se nos ocurra, da igual si el amanecer llega y no respondemos a su llamado, mientras compartamos nuestros infinitos y fantásticos sueños me da igual, y más si jamás me aparto de tu lado. Si con ello te siento junto a mí…

Me imagino tu sonrisa por qué es lo que más extraño ver, apenas está ausente; es lo que resalta en ti deslumbrante, y no por unos sumamente pulcros dientes en ella, sino por qué, por qué… no lo sé más que explicar cómo que emana de ella algo mágico al mostrarla; hay un no sé que en la forma de tu rostro al sonreír, en tus mejillas, en tus labios atildados por tu dentadura, tus ojos, tus brillantes ojos cuando lo haces; y tu risita que golpea con exaltación mi pecho al oírla, complaciendo a todo mi ser al escucharla —por ello siempre me encuentro elucubrando el modo de hacerte reír, con bromas y comentarios perspicaces… o bobadas, lo que sea para que rías, y escuchar ése, el clamor de tu alma jubilosa ser liberado y brindes a la mía un poco de eso, eso que eres tú.

Sí te digo que te amo, ¿me oirás? ¿Hará que despiertes de tu placentero descanso? Siempre has provocado en mí diversos y numerosos cuestionamientos… Ahora más que nunca. Y mis respuestas se pierden en el silencio del todo y la nada, buscando desesperadas llegar hasta una respuesta medianamente clara y que me dé con desesperación algo de paz y calma.

Te vez tan bella, preciosa como siempre, bombón… Mi dulce bombón. Si no durmieras, seguro estarías comiendo unas cuantas de tus golosinas favoritas, ¡pero siempre moderándote para cuidar tu salud como cada día! —Ja, ja—, tu figura juvenil, y deleitándote en las noches de pena esperando se vallan, también, dando libertad a tus lagrimillas inocentes; que un par de veces acobije en mi pecho… en mi hombro, sosegándolas con mi cariño y palabras de aliento. Exactamente lo mismo que necesito ahora hagas por mí; ¡porque solo tú puedes acallar esta aflicción, compunción abrumadora que me consume con desmedida, a punto de desfallecer.

Tomando tú mano la siento fría… como el cariz helado que me envuelve, sin nada que pueda hacer para evadirlo más que acompañarte… a tu lado; pero no lo sé… no creo que sea lo que quieres en este momento, temo injuriarte con ello, ofenderte sin remedio y sin modo de corregirlo después, pues una vez juntos… no habrá separación posible, por mucho que llegaras a no quererlo entonces.

Me despido dándote un beso en tu blanquecina frente, pues sé, con profundo dolor, un beso en tus afables labios, ahora, sirve de poco.

Acaricio mi mejilla con el dorso de tu mano, como hiciste un par de veces, fingiendo de este modo te despides de mí, diciéndome todo estará bien, deseándome como siempre un dichoso porvenir, expresándome tu amor… y un hasta luego… hasta siempre mi amor. Porque siempre he sido tu amor, ¿no?... ¿Aún ahora? ¡Ahora que te he fallado, ahora que…!

…      …      …       …       …       …       …       …       …

Ya no se cuanto tiempo llevo aquí… frente a ti. Sucede justo como cuando hacías que el tiempo se me distorsionara en tu compañía. Sólo que ahora no es entre risas y carisias, como aquellas escasas veces; besando tus labios, casi tan inocentes como los tuyos. Descubriendo juntos lo que queríamos que fuera de nosotros.

¿Y ahora como te pido perdón? ¿Cómo te digo todo eso que no te dije?, lo que me consume sin que pueda detenerlo, tan destructivo que siento como despedaza con brutalidad partes de mí, como me estruja sin compasión provocándome un inmenso dolor en el pecho, hondo, punzante y que no termina. Justo ahora, a punto estoy de desplomarme en el suelo llorando y berreando cual crio; justo así me siento, como un niño perdido en este vasto mundo, desolado por el amor que se aparta de mi vida, que se me arrebato, estirándose como liga al salir de mi pecho y destazándome el alma al alejarse centímetro a centímetro. Por más que traté no pude contener mis lagrimas, éstas que ahora manchan tu vestido; que espero te guste, si es que lo pudieras ver… si tus ojos pudieras abrir.

Este dolor, esta rabia, esta pena, este suplicio avasallante que va más allá de toda palabra que pueda expresarte, seguro me matará, me hará caer en la desesperanza de tu repentina partida, de un adiós sin un adiós, tal vez me llevara a la locura, tal vez a la autodestrucción, no lo sé y no me importa. ¡Por qué lo único que quiero es verte de nuevo, una vez más, mirarte como te recuerdo… que todo esto no sea más que una cruel fantasía, una pesadilla horripilante de esas  que perecen tan reales, tan terribles y turbantes!; y al despertar poder abrazarte, oler el perfume impregnado en ti, y valorarte como no lo hice hasta ahora. ¡Quiero decirte lo importante que eres para mí, pues sin ti…! ¡Quiero que sepas cuanto te quiero! ¡Qué durante estos años, en nuestros esporádicos y, a veces, breves encuentros, llamadas y vídeo-llamadas han sido momentos únicos y especiales en mi vida! ¡Eres alguien única en mi vida, irrepetible, y no solo en mi vida, en este mundo; y eso es lo que más me duele, que alguien bondadoso como tú se vaya, que no vuelva… que terminara algo de lo más bello así! Suspiro y tirito pensando en ti, añorándote aun estando hincado frente a ti.

Sé que al igual que yo el mundo está devastado por tu partida, aunque lo ignora, pues eres de las personas que cambian y mejoran el mundo, lo embellecen con su mera existencia, hacen que valga todo lo demás… sólo por alguien como tú. Siempre preocupada por los demás, siempre generosa y altruista, desinteresada y amigable; sufriendo por quienes se aprovechaban de ti o te lastimaban hipócritas, quienes te marginaban, te despreciaban por no ser sucios, impíos como ellos, haciendo que  derramaras tus lagrimas sobre la almohada.

¿Qué es lo que hice para merecer el haberte conocido?, y más como fue, repentinamente sin esperarlo o buscarlo. ¡Cuando alguien como yo sufre por alguien como tú, debería poder haber un cambio de papeles, poder corregir lo incorrecto! ¡Si alguna vez te prometí daría mi vida por ti, como lo haría, mi amada amiga, perdóname porque te he fallado, te he mentido y quizá defraudado!

¡Qué Dios permite esto!; reclamo con obsesión; cuestiono buscando estúpida avenencia. ¡Por qué mandar a un ángel a este mundo para dejar que se marche así! ¿Por qué?, ¿para qué? ¡Si, ese algo, pretendía enseñarme algo o castigarme debió ensañarse con mí ser, de cualquier maldita forma! Todo haría, daría, con tal de que sigas aquí, aún si no me vieras más. O posiblemente cruzo nuestros caminos para que te cuidara y tu a mí… y le falle, te falle… les falle… ¡Les falle!

Todo se ha ido contigo; lo bueno en mi vida se va contigo…; quedando nubarrones obscuros y tinieblas sin fin. No habrán más llamadas en mi cumpleaños, no más felicitaciones en mis éxitos, no mas regalos navideños, no más dulces y adorables sorpresas…. ¡No más tu voz, no más tu rostro, no más… tus ojos, no más esos largos y ceñidos abrazos apretujados cada que nos reencontrábamos o nos despedíamos, y esos besos robados que me dabas también al despedirte, sonrojándote,  y volteando a mirarme sacudiendo tu manita al irte… No más. ¿Por qué vivir sin esto,  sin esto que ahora es lo más preciado para mí? ¿Por qué vivir sin ti, sin ti en este mundo, en mi vida? ¿POR QUÉ? ¿POR QUÉ? ¡POR QUÉ!

Nuestro último adiós… fue el definitivo. Como saberlo… de saberlo no te hubiera dejado partir, aún si me odiaras por ello; pero estarías aquí, seguramente enfadada pero… aún conmigo.

¿Ahora quien será mi confidente? ¿Quién resguardara a capa y espada mis íntimos pensamientos y secretos? ¿Quién me alentara en la adversidad de la incertidumbre? ¿Quién acallara mis miedos? ¿Quién… quién, quién, quién, quién… quién? ¿Quién me querrá como tú? ¿Quién estará ahí incondicional?

No merecía tu cariño y amistad. No merecía tanto de ti; y tú tan poco de mí. Tu amistad era el farol que me mostraba que no estaba solo, que siempre había a donde ir, a donde llegar, alguien que esperaba por mí y que quería diera mi mejor intento. Y yo… en los últimos momentos no estuve; cuando más me necesitaste; cuando pude cambiarlo todo. Cuando mi mano debió sostener la tuya, aunque fuera para despedirte en compañía de alguien que te amaba; casi tanto como tú me amaste. Pero no fue así… ¡Y no debía importar la distancia, ese vasto espacio que nos separaba…! Te imagino deseando estuviera contigo, porque seguro fue así; sintiéndote sola, abandonada, lejos del cariño que en ese momento como nunca necesitaste.

Muchas veces me dijiste, me pediste: «Ven», «Ven»… y yo…

Moriría simplemente para pedirte perdón, para mirarte una vez más antes de partir a donde seguro iré por haberte fallado… por no cuidar al ángel que me fue enviado. ¡Pero sé que no puedo, no es lo que querrías; seguro! Aunque es lo que más quiero. Sabes que no comparto tus creencias, y siendo así, posiblemente solo termine todo en la nada, y este dolor que sé no parara hasta la tumba… se valla con mí existir. Pero, ahora como nunca, más que todo en mi vida, quiero creer en eso que crees, recordando el símbolo de tu fe que siempre pende de tu cuello. ¡Quiero creer con desesperación, que hay un “paraíso”, un lugar donde nos veremos de nuevo, donde podre contarte todo lo que ha pasado en mi vida desde aquella última llamada; y con esto, esta idea, esta esperanza en mi pecho, poder seguir con mi vida sin el tormento de tu ausencia, sabiendo, si lo hago bien, será mi recompensa poder tenerte frente a mí… una vez más y para siempre. Sera difícil sintiendo la inclemencia de esta vida, de este mundo cada vez más frío, despiadado e indiferente… y sin el manto que me cubría protector con tu presencia aquí.

¿Ahora quién me dirá lo bello que es este mundo, lo placentera que resulta esta vida? E irónicamente ahora que lo requiero más que nunca, ahora que todo se ha tornado opaco y negruzco, ahora que todo es desdicha y dolor; una dolencia que no aminora sino que increpa creciente desde que lo supe; y parece no parara de aumentar nunca.

El placer nostálgico y el dolor torturante, al recordarte, luchan sin haber un rotundo ganador, siendo siempre yo el perdedor. A veces, como ahora, los recuerdos son vividos de imagen y sosegados de sentir, pero creo están en mi mente todos, de cada momento compartido, juntos. Tu rostro, tu sonrisa no se desvanece de mi mente, ni tus bailes espontáneos u ocurrencias jocosas, tus palabras bellas… Tus besos inocentes, tus ojos luminosos, tu magnifica belleza.

¿Si las fuerzas se acaban, si mis ganas de vivir se agotan, qué deberé hacer? ¿Acudir a tu recuerdo, a tu memoria, a tus antiguos concejos, a suponer lo que me dirías?, esperando no empeore mi condición.

¿Me pregunto si cuando escucho una canción que sé gustabas de cantar, bailar, silbar o tararear, moriré un poco más; o si al mirar un paquete de golosinas y comerlos por ti, moriré un poco más; o si al desear mires algo que quizá te gustaría o que quisiera vieras, moriré un poco más?, hasta que no quede nada, más que un cartón vacío, una mera carcasa. ¿O si me repondré alguna vez; y no dolerá tanto; pues todo lo anterior al contrario me daría vida?

Cuando extinga mis lágrimas dolidas y merme mi compunción, ¡te prometo! —eso espero—, ahora que yaces durmiendo en calma, con mi cabeza en tu pecho, que lucharé con ímpetu por recordarte con gusto, placer, con nostalgia y no con dolor ni pena, aunque no pueda ser así siempre; honraré tu memoria, atesorare tu recuerdo, amaré lo que dejaste en mí… Lo haré, me impondré ante mí, por ti; pensando eso te hace feliz.

Para mi amada mejor amiga… y más…    «$3_(2»


D. Leon. Mayén




El infortunio de la muerte es que el pesar sigue después de ella; en nuestra vida. Y la dicha de la vida es que el amor sigue más allá de ella; la muerte.