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martes, 7 de febrero de 2017

Trabalenguas románticos

Canciones, películas, ¡poemas!, de amor… pero también hay trabalenguas sobre el amor. Esta es una pequeña compilación de los que he hallado leyendo algunos librillos de trabalenguas.

Trabalenguas románticos


Quiero y no quiero querer a quien no queriendo quiero,
he querido sin querer y estoy sin querer queriendo,
si por qué te quiero quieres que te quiera mucho más,
te quiero más que me quieres.
¿Qué más quieres, quieres más?

... ... ...

El amor es una locura,
que ni el cura lo cura,
que si el cura lo cura,
es una locura del cura.

... ... ...

Si por qué te quiero mucho
quieres que te quiera más…
Te quiero más que a mi vida.
¿Qué más quieres? ¿Quieres más?
Te quiero tanto que si el salvarte fuera la muerte,
y el perderte tener vida,
prefiero la muerte y salvarte,
a perderte y tener vida.

 ... ... ...

No me mires, que nos miran que nos miramos.
Sospechar pudieran que nos amamos.
Nos miraremos cuando miremos que no nos miran
y entonces, nos amaremos.

 ... ... ...

Nada demanda

mi amada dama de mí.

.... ... ...

Mírame sin mirar, Miriam,
mírame mientras me muevo;
no me mires, Miriam mía,
no mires que me muero.

... ... ...

Los trabalenguas se han hecho
para destrabar la lengua,
sin trabas ni mengua alguna
y si alguna mengua
traba tu lengua,
 con un trabalenguas

podrás destrabar tu lengua.


lunes, 23 de enero de 2017

Noches entre dos - Pasos y caricias

Las noches en vela, insomnes... son siempre mejores en compañía, y más aún en la correcta, la deseada.

Noches entre dos

Pasos y carisias


Muchas veces la noche es reflejo de la nada y del miedo, de lo oculto y peligroso. No así en el cobijo del lecho, entre dos seres que se desean… Se aman, se anhelan con desenfreno; no sólo con o por lujuria, sino también con ella, aunada al cariño, el afecto, el romance creciente y el deseo desbordado de ambos.

Momentos en los cuales el entorno, de algún modo, desaparece de nuestras conciencias, dando pie a lo que sentimos, emocional y sensitivamente; mezclándose ambas maneras de forma diáfana en nuestros cuerpos y mentes… palabras, ademanes y expresiones, en nuestros ojos y labios, que con estupor alborotan nuestro ser, uniéndose con mayor intensidad y frecuencia mientras la noche se hace más honda, pero, apacible y gozosa. Entre pensamientos que no compartimos, o quizá sí, del uno por el otro, entre roces y carisias, lentas o arrebatadas, da igual; pues si bien el tacto de tu piel, de tus cabellos, de toda tú entre mis manos o mi propia piel es un deleite, atizarlo con palabras, susurros, lo vuelve todo un placer creciente.

Las noches llegan a ser parcas, esporádicas, tanto como un abrir y cerrar de ojos; pero en tu compañía se prolongarán en segmentos; aunque a futuro se vuelva un entrañable recuerdo en mi cabeza… Al disfrutar de cada detalle se convertirán en una extensa escena, que más allá de cualquier pantalla posible, retendré en ella tú aroma, no el que impregnas cada día para ornarte de aún mayor atracción y placer al olfato —aunque también lo remembraré, pues es parte de ti—, sino del que emana esencial de tu cuerpo, impregnando mi olfato con él en cada beso que dé a tu cuerpo, de pies a cabeza; del sentir de tu presencia, de mi vista que te contemplara como lo mereces, hasta que me pidas cese. Pues en ese momento, mis manos, mis labios, mis ojos… todo yo estaré volcado a tu venia y voluntad; abnegados a tu voz guiadora que musita —o como sea— indicándome que hacer, a donde ir, cuando volver y sobre todo como andar entre tú magistral ser.

¡Marca el paso… y lo seguiré! Un buen vals, danza, o cualquier baile es mejor al compás, de tal modo que dos asemejen uno, que todo movimiento propicie armónico el próximo; hasta dar al esmero y el cansancio su merecida recompensa. Y así, emprenderá, en la orquestal noche —si eso deseas— entre voces, risas y gemidos, la segunda pieza conociendo mejor el ritmo y el paso, sea cual sea: lento o acelerado, suave y sutil o repetido y marcado.

Deseando cada vez, insaciable, conocer un poco más de ti; desde cada una de tus cabellos, tu nuca, contar una a una las vertebras de tu espalda mientras las roso con delicadeza, y así cada centímetro de tu cuerpo… todo el que me permitas reconocer; pero, también aunar en tus pensamientos, tus ideas y secretos, que de tu voz bondadosa compartas conmigo; ocultándolos con mi vida si así lo pides.


Cual felino nocturno, no siempre está en mí la docilidad, tornada a veces en capricho y curiosidad, ansia o arrebato pasional; mas no creas con mis garras de laceraré… Jamás lastimaría las manos que con cariño me acarician.

Así, en estas noches, o no tan noches, con el transcurrir crearemos, mutuos, nuestro propio baile: al ritmo y compás compuesto a la par, extasiante y jubiloso para ambos.



D. Leon. Mayén

sábado, 11 de junio de 2016

Mujeres - Divinas mujeres

Ensayo. Mujeres, y una porción sobre mi perspectiva sobre ellas; en conjunto con algunas de mis bagatelas referentes al amor.


Mujeres

Divinas mujeres


¡Ah! Mujeres. Con ellas todo, sin ellas nada.
He oído tanto sobre ellas a lo largo de mi corta vida. Cosas tanto positivas como negativas, y algo que con el tiempo ha perdido importancia para mí, pues muchas opiniones provienen del prejuicio, el ego o la ignorancia; cosas hechas, o dichas que, como muchas, son emitidas por el interlocutor sin filtro alguno, y sin importar como repercutirán en el entorno.
Mujeres “buenas y malas” las hay, sí claro, al igual que hombres de igual manera. Así como la mujer es digna de la más ferviente admiración, también hay que temerle; temer a lo que puede provocar en un hombre.
Quizá por fortuna, o tal vez por mero azar, he “visto” diversidad de mujeres. Algo fácil cuando se apartan prejuicios y tonterías de mundana calaña. Pues la mujer no es como nos lo hacen ver o creer. Una mujer bella o atractiva no es más mujer por serlo —una rosa no es rosa sólo al ser de color rosa—. En la actualidad es difícil mirar a una mujer como mujer. Pues, pareciera que socialmente sólo es fémina la que posee los atributos físicos necesarios para despertar atracción hacia el sexo opuesto, y envidia entre el propio.
Como hombre puedo ver la belleza —refiriéndome a atracción física—, cómo esas sensaciones guiadas de forma subconsciente a causa de ciertas características físicas en la mujer —algunas por demás estereotipadas—. Como hombre sucumbo ante esas características, ¡es casi inevitable!, lo quiera o no. (Recuerdo en particular  una ocasión en que, caminando entre la gente, tomado de la mano de quien fuera entonces mi novia; ella notó que de reojo admiraba esa belleza a la que me refiero en una mujer al otro lado de la calle. Más tarde, ella, sin preocupación alguna me cuestiono acerca de ello. A lo que le respondí: «Me resulta un tanto inevitable resistirme a mirar, ¡es algo inconsciente y más poderoso que yo!». Tras mi respuesta sentí que había metido la pata del todo. Pero, ella siendo alguien madura y comprensiva me contesto tranquila y en broma: «Está bien, mientras no me sueltes y corras atrás de ella, como perro en brama». Reímos y olvidamos el asunto).
En aquella situación, y aunque a ojos de muchos la mujer que llamó mi atención poseía una belleza particularmente embelesadora; para mí sólo fue algo fugas; sí claro, provoco en mi sensaciones —más no sentimientos—, al admirarle. Sensaciones que de dejarme llevar por ellas, me llevarían a no sé dónde; pero sí a convertirme en alguien desleal e insincero. En ese entonces, los sentimientos, arraigados en mí, hacia mí novia fueron lo suficientemente «profundos» como para que yo comprendiera esto que cuento, tras reflexionarlo.
Si bien la belleza es digna de admirarse, también debe ser se cauto ante ella. Esa misma belleza puede ser la mascarada perfecta, para tantas situaciones… viles, ruines y perversas: como de telenovela, pero peores, porque no son al otro lado de la pantalla y mucho menos efímeras.
En repetidas ocasiones, he oído —­y visto, claro—, en programas de TV o de amigos y/o amigas, la pregunta: ¿Qué es lo primero que miras en una mujer, o que te atrae de ella?  Jamás me han hecho esta pregunta en lo particular. ¿Qué respondería? Depende, depende de a quien mire; en toda mujer siempre hay algo que resalta, su cabello o el color de este, sus ojos, su rostro —o alguna facción en él—, su voz, su inteligencia o, porque no, su bondad, entre algunas. Pero, irremediablemente, a primera vista observó todo lo que puedo, desde los pies hasta la cabeza y dejo que mi subconsciente elucubre, luchando por no sucumbir a los encantos antes mencionados; además de prestar suma atención en su forma de ser, su personalidad, su manera de pensar, etc. Muchos, al oír la pregunta antes planteada, de inmediato piensan en dos cosas, los pechos y los glúteos; muchos incluso esperan que sea esa la respuesta. No soy hipócrita, no diré que yo no lo hago al observar a una mujer. Lo hago, pero no le doy una importancia absoluta y frívola —como algunos muchos. Es como preguntar a alguien: ¿Cómo es ella? Y respondiera: «¡Tiene unos pechos!» ¿Y qué más? Y no supiera más que decir pechos.
Para mí una respuesta más elemental e incluso profunda, seria: ¿Qué te enamora de una mujer? Puede resultar complicado separar amor de atracción, al responder. Pero, aún separando el amor como algo profundo y subjetivo; en contraste con la atracción, algo superficial e impulsivo —ambos de igual modo subconscientes—, es difícil responder. El amor en conjunto a la atracción es algo espontaneo e inesperado, y brumoso.
Es diferente amar a alguien, y que te enamoren. ¡Que te enamoren! Dirán que eso es cosa de niñas; pero, si un hombre siente amor hacia una mujer: se enamora —antes o después—, por lo que la ama; y si ese amor es a causa de actos realizadas por esa mujer, ¿a caso no le ha enamorado dicha mujer? Yo pienso que sí. Y a todos nos pasa, sólo que no se habla mucho de ello.
De mi novia, a quien me he referido antes, lo primero que me atrajo de ella fue su iniciativa; llena de seguridad y con libertad al hablar, eso un poco más que su apariencia física —la cual, en conjunto, también me cautivo—; al ser yo un tanto tímido, me pareció atractivo en ella, y aliviador, ja-ja. —Y de no ser por eso, no nos hubiéramos conocido—. Visualmente lo que más llamó mi atención en ella fue su rostro, desde su cabello hasta su cuello; el conjunto de sus rasgos faciales me parecía en lo particular eclipsante. Lo más irresistible en ella era su sonrisa —era lo que para mí resaltaba más en las primeras veces que nos vimos—. Después, con el tiempo, comenzaba a tener sentimientos por ella tan sólo al advertir su presencia, al observar sus gestos, al dialogar y escuchar su melodiosa voz; el delicado movimiento de sus manos, o el moverse de su cabellera al andar. Los mismos sentimientos crecían en mí al conocerla más, saber lo que le gusta, lo que no y porque; sus ideas y pensamientos. Lo que me enamoró de ella rotundamente, además de lo que ella provocaba en mí, fue lo que yo provocaba en ella: cosas y características que pudo ver en mí y que yo no sabía siquiera que poseía; me hizo evolucionar como ser —actualmente, y por infortunio, eso no cualquiera lo puede lograr­—.
Belleza interior, belleza exterior. A veces, lo veo como un libro: una bonita portada sin un buen contenido es algo frívolo y soez. Un buen contenido hace que la portada sea algo secundario. Y un buen contenido con una bonita portada, ¡bueno! es un privilegio —que tampoco es para hacer mucho revuelo; aunque es como toparse con un billete de lotería premiado—. Aunque como todo en esta vida, depende de la perspectiva de quien mira.
En resumen, para mí la belleza de una mujer es la suma de un todo, más que de un puñado de características en ella, o de algo en general y dado por hecho. Al final todos somos lo mismo, sólo que armados con diferentes piezas, tomadas al azar, y mientras andamos de aquí a allá. Y en cuanto al amor y la atracción, me resultan por igual hipócritas… como nosotros mismos —variante en mayor o menor cantidad, pero inevitablemente con ella en nuestro interior—.

Si se busca el amor ¿A caso no basta con encontrar a alguien con la capacidad de amar y ser amado?

Por último, y como observación. Podrán decir que Dios, en su infinita sabiduría, creo a la mujer a partir del hombre —¡y a nadie le consta!—. Pero, sin embargo, cada hombre proviene de una mujer, y eso es ley de vida. ¡Sino pregunta a tu madre!

¡Por lo que considero, más que un ser creado por lo divino, resulta ser una divinidad!


D. Leon. Mayén

viernes, 27 de mayo de 2016

Frío Invierno

17-10-15

Frío Invierno


De nuevo, como cada año, ha llegado esta estación del año.  La que hace tiempo ame tanto. Días, tardes y noches; frías, húmedas y lluviosas.
Siento el frío que atraviesa la ventana, y se filtra por debajo de la puerta.

En cuanto el frío se apodera de mis sentidos, provocándome la nostalgia de cálidos recuerdos, te echo de menos. Extrañó esas noches de otoño e invierno, donde bajo las sabanas nuestros cuerpos encontraban calor en el otro permaneciendo tan juntos como si fuésemos uno solo; hasta que con un cálido beso por la mañana te marcharas.


D. Leon. Mayén

Frío Invierno - CC by-nc-nd 4.0 - D. Leon. Mayén

viernes, 20 de mayo de 2016

Un paseo por la ciudad

¡Lo bello de estas líneas es que las escribí pensando en ella, y, quizá, tú lo hagas en alguien al leerlas!

Un paseo por la ciudad

 Si mañana, andando por la ciudad, nos encontramos. Al mirarte, sentiré que no he dejado de amarte, que fue apenas ayer cuando te vi por última vez.
Volverán a mí todos esos sentimientos acompañados de recuerdos, provocando en mí un incontrolable deseo de correr hacia ti, tomarte en mis brazos y hacerte girar como solía hacerlo, aprisionándote con fuerza entre mis brazos. Fingiendo que nunca terminamos. Besándote y besándote hasta el cansancio.
En cambio sólo nos saludamos, preguntando cómo hemos estado. Y siguiendo cada uno por su camino.



D. Leon. Mayén


Un paseo por la ciudad - CC by-nc-nd 4.0 - D. Leon. Mayén

jueves, 12 de mayo de 2016

Inevitable e insoportable: inesperado

No lo recuerdo del todo bien, pero creo que esto lo escribí, seguramente, en agosto del 2015, a algunos días de auto-romperme el corazón, no, destrozarme los pedazos que quedaban hasta quedar nada más que punzantes astillas; que hasta hoy siguen hiriéndome. 
Podría leer estas líneas sin fin, y el dolor que experimente al hacerlo no se diluiría al revivir cada una de ellas.
Ahora que lo pienso, ella desconoce este texto; jamás sus ojos lo vieron, y espero no lo hagan.


Inevitable e insoportable: inesperado


Cada instante que pasa me acerca más y más hacia lo que más temo, algo que parecía… distante y en su mayoría improbable. Pero aún así siempre latente, presente aún sin importar si quisiéramos o no verlo. Acechándonos permanentemente, desde las sombras, ansiando que nos descuidáramos bajando la guardia. Rondando a nuestro alrededor, siendo testigo de cada beso, cada caricia, de todos los momentos felices que vivimos. Observando atentamente… cada lagrima derramada, de cada una de todas esas noches solitarias deseando estar juntos, de las palabras que susurramos al viento por la noche, fantaseando que pudiesen llegar a oídos del otro, y las noches soñando con sentir el cuerpo del otro entre las sabanas.
Hoy, no sé que me pesa más saber, si el hecho de que es inevitable y se aproxima el momento del adiós… o más el saber que es inminente nuestra separación; y lo desconoces.
De nada serviría contar las semanas o los días, inclusive las horas. Como sea ese momento tan temido llegara, lo quiera o no.
Qué utilidad tendría marcarlo en el calendario, sólo me serviría para recordar el día en que perdí lo que me quedaba, y no me refiero a ti. Jamás fuste mía; eso sería como tener un colibrí enjaulado; precioso y siempre libre.
Ese día llegara, y caminó hacia el sin poder detenerme, paso a paso, acercándome a ese lugar al que mientras más cerca más oscuro se vuelve… El día que tanto temo, y más aún la inmediata noche.
Después de ese día no se que pasara conmigo, lo que sí sé es que estarás mejor sin mí, siguiendo tu camino como siempre has hecho. ¡Volando libre cual colibrí, mi amada…!



D. Leon. Mayén


Inevitable e insoportable: inesperado (A solas) - CC by-nc-nd 4.0 - D. Leon. Mayén

lunes, 28 de marzo de 2016

El cursi (Coger)

Cuento
Durante largo rato, meditándolo y sin atreverme, al final escribí y publique este cuento de mi autoría  (no el primero y espero tampoco el último)escrito en una noche solitaria y de inspiración. Espero que quien lo lea, sea de su agrado o meramente le sirva para entretenerse, cual sea el caso, agradezco el leerme.



El cursi (Coger)


En el reloj montado en la pared, a un costado de mí, marcan ya las once y diez. Ella y yo, nos limitamos, sentados en el sofá, a disfrutar de la compañía del otro; abandonados en la inmensidad de la morada. Ella con su cabeza sobre mi hombro, y con las piernas flexionadas bajo ella. Se giro, mirándonos a los ojos, y, sin advertirlo, deslizo sus labios hacia los míos, para después, acercarlos a la altura de mi oreja, susurrándome al oído.
—¡Qué! —exclamé, horrorizado (quizá exagero).
Ella me miró con asombro y desconcierto; incorporándose en su asiento y apartando la mirada. Yo callé; pensaba en lo próximo que diría y más importante haría.
De nuevo la acerque hacia mí, aprisionándola entre mis brazos; bese su mejilla y dije:
—Comenzare por acariciar tus manos suavemente; besare, y, apenas sentirás el toque de mi piel sobre la tuya, deslizándome por tu brazo hasta llegar al antebrazo. Ahí parare, te mirare a los ojos, y si veo en ellos que deseas que siga tanto como yo, lo haré. Me lanzare sobre tu cuello, tocándolo una y otra vez, sin parar; hasta que me guíes hasta donde quieras que siga. Seguramente será tu boca… nos besaremos unos instantes, pues eso ya lo hemos hecho con anterioridad y constancia. Después de eso, mi amor, te abrazare; acto seguido, resbalaran mis manos por tu espalda, hasta llegar al borde de tu playera, te despojaré de ella con ansia. —Me puse de pie, alejándome a unos pasos del sofá—.  Mientras te beso tan intensamente como sea capaz, te empujare con sutileza; y, sintiendo mi cuerpo cada vez más cercano al tuyo, terminaremos recostados sobre ese sofá, el mismo en el que estas sentada ahora. Me quitaras la ropa y yo a ti, etcétera, podrá ser con lentitud y gentileza o… tan rápido como si fuéramos a quemarnos de lujuria, de no hacerlo así; llegados a ese punto, veremos. ¡Obviamente! Estaremos al final de esa “etapa” desnudos o casi.
“Y bueno… desde ahí, propongo que nos dejemos llevar por todo lo que sintamos en ese momento y, sin tentempiés;  uniendo nuestros cuerpos con tanta pasión como podamos, aunque dejemos al mundo sin una pizca.”
Ella, sentada en el sofá, me miraba en silencio. No sé si molesta, o a caso no sabía que responder a mis tonterías cursis. Como fuera proseguí.
—Ya que te dije esto, te podrás dar cuenta que, esto que… y créeme cuando te lo digo; quiero compartir contigo, a ti que te quiero tanto; algo que quisiera disfrutáramos juntos, con tanta plenitud como nos sea humanamente posible, de ningún modo es: ¡Cogerte… tirarte, follarte, fornicarte, encamarte o como quieras llamarlo! También espero que entiendas a que me refiero, el nombre que daría a ello, que nada tiene que ver ni remotamente con lo anterior…
Mientras hablaba, mirándome los tenis, ella se lanzó sobre mí —interrumpiéndome—, besándome con arrebato, y, jalándome hasta el sofá, donde, bisbiseó a mi oído. A lo que respondí, mirándole con deseo y sonriendo pícaramente, antes de articular:

—Comenzare por acariciar tus manos suavemente…





D. Leon. Mayén


El cursi (Coger) - CC by-nc-nd 4.0 - D. Leon. Mayén