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jueves, 2 de febrero de 2017

Tibias noches de amargura

Por más que quisiera, ahora, no puedo evitar sentirme así.


Tibias noches de amargura


Heme aquí, refugiándome de la negrura de la noche y el frío de la soledad. Entre luces fatuas, pero útiles a su propósito... Mas no así, el "cobijo" de las sábanas, que en vez de acogerme con calor me dirigen al gélido recuerdo; al ansia y deseo de momentos ya pasados... pero no extintos; raíz de mis desvelos, de mis suplicios nocturnos, mi martirio general.
Sin ella las noches, antes gratas y gloriosas, ahora son tortuosas. Divagando sin fin de un lado a otro, y sin moverme... Queriendo olvidarla... Deseando abrazarla, tomarla y cubrirla, cómo hacen estas sábanas, que no me confortan del todo o consuelan meramente poco.
Buscaré el descanso, la paz en la plácida inconsciencia, esforzándome en no sucumbir entre ya conocidos y eternos anhelos y suspiros... Cuando menos, hasta que retorne a estar aquí tendido.


D. Leon. Mayén


martes, 17 de mayo de 2016

Tocando fondo

Publicado en Tumblr el: 26-10-15

Como podrán leer a continuación y, en estas breves líneas, si han leído anteriormente mis entradas, esto que escribí el año pasado es  posterior a que ella se fuera, que termináramos, que cometiera el que quizá será mi gran y eterno error. En esos tiempos todo volvió a un gris tétrico, a una soledad familiar, pero más gélida y desmotivadora; sentimientos  enmascarados  por la emoción de terminar la que es mi primera novela  corta, mientras esperaba la llamada de una editorial que jamás llego —cosa que me tiene un tanto sin angustia, pues soy realista y sé que no es tan buena como creí en el momento, siendo nuevo en la materia —.
Esas sensaciones desesperanzadas y desoladoras ahora las cubro de nuevo escribiendo; ¡y vaya que sí funciona! Pero sé que únicamente es tapar el sol con un dedo, soluciones momentáneas, pues en la penumbra de la noche siento ese dolor, muy hondo en mí, que persiste ocultándose como yo lo hago de él, esperando acechante por uno de esos momentos solitarios en que nos encontremos cara a cara, ansioso por cobrarme.


No estoy del todo seguro, pero esas sensaciones emocionales, las proyecto al escribir —no en lo que publico aquí, pues la mayoría de los post son “reposteados”—, llegando a tener que dejarlo todo para poder respirar unos días del agobio de pensar y pensar el desarrollo de la historia, y de enmascarar todo tras un muro inexistente para no afrontarlo.

Normalmente mis entradas las publico también en comunidades de Google+, generalmente temáticas de amor o literatura, según el tema; pero esta vez no hablo de amor, sino de mi vida en un tiempo amargo y gris en ella, algo que dudo le interese a muchos, pues si no intereso en el depresivo Tumblr, menos aquí, ja-ja-ja.



Tocando fondo

Sólo me queda seguir adelante, aunque eso sea cavar más y más profundo, en este oscuro hoyo en el que me encuentro desde hace tanto.
Seguir adelante esperando salir. Aceptar que nadie vendrá a sacarme o ayudarme a salir.
Y aceptar como la verdad absoluta, que siempre he estado solo y eso nunca cambiara. Quien no tiene que perder, tiene todo por ganar… Oh ¿No?

lunes, 28 de marzo de 2016

El cursi (Coger)

Cuento
Durante largo rato, meditándolo y sin atreverme, al final escribí y publique este cuento de mi autoría  (no el primero y espero tampoco el último)escrito en una noche solitaria y de inspiración. Espero que quien lo lea, sea de su agrado o meramente le sirva para entretenerse, cual sea el caso, agradezco el leerme.



El cursi (Coger)


En el reloj montado en la pared, a un costado de mí, marcan ya las once y diez. Ella y yo, nos limitamos, sentados en el sofá, a disfrutar de la compañía del otro; abandonados en la inmensidad de la morada. Ella con su cabeza sobre mi hombro, y con las piernas flexionadas bajo ella. Se giro, mirándonos a los ojos, y, sin advertirlo, deslizo sus labios hacia los míos, para después, acercarlos a la altura de mi oreja, susurrándome al oído.
—¡Qué! —exclamé, horrorizado (quizá exagero).
Ella me miró con asombro y desconcierto; incorporándose en su asiento y apartando la mirada. Yo callé; pensaba en lo próximo que diría y más importante haría.
De nuevo la acerque hacia mí, aprisionándola entre mis brazos; bese su mejilla y dije:
—Comenzare por acariciar tus manos suavemente; besare, y, apenas sentirás el toque de mi piel sobre la tuya, deslizándome por tu brazo hasta llegar al antebrazo. Ahí parare, te mirare a los ojos, y si veo en ellos que deseas que siga tanto como yo, lo haré. Me lanzare sobre tu cuello, tocándolo una y otra vez, sin parar; hasta que me guíes hasta donde quieras que siga. Seguramente será tu boca… nos besaremos unos instantes, pues eso ya lo hemos hecho con anterioridad y constancia. Después de eso, mi amor, te abrazare; acto seguido, resbalaran mis manos por tu espalda, hasta llegar al borde de tu playera, te despojaré de ella con ansia. —Me puse de pie, alejándome a unos pasos del sofá—.  Mientras te beso tan intensamente como sea capaz, te empujare con sutileza; y, sintiendo mi cuerpo cada vez más cercano al tuyo, terminaremos recostados sobre ese sofá, el mismo en el que estas sentada ahora. Me quitaras la ropa y yo a ti, etcétera, podrá ser con lentitud y gentileza o… tan rápido como si fuéramos a quemarnos de lujuria, de no hacerlo así; llegados a ese punto, veremos. ¡Obviamente! Estaremos al final de esa “etapa” desnudos o casi.
“Y bueno… desde ahí, propongo que nos dejemos llevar por todo lo que sintamos en ese momento y, sin tentempiés;  uniendo nuestros cuerpos con tanta pasión como podamos, aunque dejemos al mundo sin una pizca.”
Ella, sentada en el sofá, me miraba en silencio. No sé si molesta, o a caso no sabía que responder a mis tonterías cursis. Como fuera proseguí.
—Ya que te dije esto, te podrás dar cuenta que, esto que… y créeme cuando te lo digo; quiero compartir contigo, a ti que te quiero tanto; algo que quisiera disfrutáramos juntos, con tanta plenitud como nos sea humanamente posible, de ningún modo es: ¡Cogerte… tirarte, follarte, fornicarte, encamarte o como quieras llamarlo! También espero que entiendas a que me refiero, el nombre que daría a ello, que nada tiene que ver ni remotamente con lo anterior…
Mientras hablaba, mirándome los tenis, ella se lanzó sobre mí —interrumpiéndome—, besándome con arrebato, y, jalándome hasta el sofá, donde, bisbiseó a mi oído. A lo que respondí, mirándole con deseo y sonriendo pícaramente, antes de articular:

—Comenzare por acariciar tus manos suavemente…





D. Leon. Mayén


El cursi (Coger) - CC by-nc-nd 4.0 - D. Leon. Mayén