Mostrando las entradas con la etiqueta my love. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta my love. Mostrar todas las entradas

jueves, 6 de septiembre de 2018

Dad vuestro corazón - Poema

Despu-é-é-és de tanto, he vuelto al blog, y tras tenerlo más que abandonado, arrumbado sin actividad alguna, o al menos post de mi autoría. Definitivamente no han sido mis mejores meses, y aún son así. Como sea, les comparto este nuevo post esperando sea de su agrado. :)☺


Dad vuestro corazón


Dadle vuestro corazón a una mujer
y mil cosas podrán acontecer,
bienhechoras y gratas
o pérfidas y malvadas.
Dadle vuestro corazón a una niña enmascarada
y terminará hecho una plasta.
Dadle sin mesura el corazón a vuestra amada
y tendréis una vida aborregada.
¡Mas dadle vuestro corazón a un Ángel…!
sea cual sea su traza,
y estará con vosotros siempre…
aun separado el cuerpo del ánima.


D. Leo Mayén



jueves, 25 de mayo de 2017

Eterno pesar

Eterno pesar

La muerte, cómo en antaño, ya no llama a la puerta,
ahora timbra cotidiana,
mas grita igual que entonces…
que siempre:
estridente, devastadora y resonante…
Abyecta al corazón y la mente.

Un adiós improvisto...,
la muerte prematura…
violenta, silente e íntima,
dolorosa más que la distancia que separa,
cual punzante espina sangrante
de lo que una bella flor fue;
fulmina sin tregua o clemencia…
Esa, toma más de lo que se nota,
arrastrando consigo lo intangible:
voluntad, deseo, esperanza e incluso,
de a poco,
el alma.
Se afianza parásita a la memoria;
volviendo todo un imperecedero sufrir,
un vil delirio
que sólo la muerte arrebata, sella con su serena paz eterna…
Así como ahora reposa ella.



D. Leon. Mayén

martes, 7 de febrero de 2017

Trabalenguas románticos

Canciones, películas, ¡poemas!, de amor… pero también hay trabalenguas sobre el amor. Esta es una pequeña compilación de los que he hallado leyendo algunos librillos de trabalenguas.

Trabalenguas románticos


Quiero y no quiero querer a quien no queriendo quiero,
he querido sin querer y estoy sin querer queriendo,
si por qué te quiero quieres que te quiera mucho más,
te quiero más que me quieres.
¿Qué más quieres, quieres más?

... ... ...

El amor es una locura,
que ni el cura lo cura,
que si el cura lo cura,
es una locura del cura.

... ... ...

Si por qué te quiero mucho
quieres que te quiera más…
Te quiero más que a mi vida.
¿Qué más quieres? ¿Quieres más?
Te quiero tanto que si el salvarte fuera la muerte,
y el perderte tener vida,
prefiero la muerte y salvarte,
a perderte y tener vida.

 ... ... ...

No me mires, que nos miran que nos miramos.
Sospechar pudieran que nos amamos.
Nos miraremos cuando miremos que no nos miran
y entonces, nos amaremos.

 ... ... ...

Nada demanda

mi amada dama de mí.

.... ... ...

Mírame sin mirar, Miriam,
mírame mientras me muevo;
no me mires, Miriam mía,
no mires que me muero.

... ... ...

Los trabalenguas se han hecho
para destrabar la lengua,
sin trabas ni mengua alguna
y si alguna mengua
traba tu lengua,
 con un trabalenguas

podrás destrabar tu lengua.


jueves, 2 de febrero de 2017

Tibias noches de amargura

Por más que quisiera, ahora, no puedo evitar sentirme así.


Tibias noches de amargura


Heme aquí, refugiándome de la negrura de la noche y el frío de la soledad. Entre luces fatuas, pero útiles a su propósito... Mas no así, el "cobijo" de las sábanas, que en vez de acogerme con calor me dirigen al gélido recuerdo; al ansia y deseo de momentos ya pasados... pero no extintos; raíz de mis desvelos, de mis suplicios nocturnos, mi martirio general.
Sin ella las noches, antes gratas y gloriosas, ahora son tortuosas. Divagando sin fin de un lado a otro, y sin moverme... Queriendo olvidarla... Deseando abrazarla, tomarla y cubrirla, cómo hacen estas sábanas, que no me confortan del todo o consuelan meramente poco.
Buscaré el descanso, la paz en la plácida inconsciencia, esforzándome en no sucumbir entre ya conocidos y eternos anhelos y suspiros... Cuando menos, hasta que retorne a estar aquí tendido.


D. Leon. Mayén


martes, 27 de septiembre de 2016

Mujer en la niebla

¿Está ahí ella, existirá siquiera, es real? Si la ves, ¿será mejor huir o… permanecer y mirarla, contemplarla hasta hallar su verdadera figura? ¿O es que es un simple sueño?


Mujer en la niebla


Apenas y te distingo, apenas y logro ver algo en la bruma; en esto que antes fueran nubarrones tempestivos que segaron mi visión, impidiendo ver el resplandor de un mañana, mientras luchaba por no ahogarme en la ciénaga de penas y culpas que se desbordaron sin remedio.
Inmerso en estas condiciones inclementes y desesperanzadoras, es que me pregunto si realmente existes, si no eres nada más que un espejismo, una ilusión efectuada por mí en este sufrido destierro, una proyección etérea de un deseo desesperado que terminara por torcerse en mi contra. Dime, ¿lo eres? ¿Estás ahí, aun ahora… cuando dudo de ti? ¿Cuándo mi corazón anhela vehemente, por sobre mis ojos y sentidos lo seas; lo eres?
Ronda en torno a mí, misteriosa amiga, confirma por sobre mi ceguera lo que clama mi alma, e impregna mis sentidos con tu presencia; has que mi olfato se deleite con tu esencia; que mis manos sientan tu gélido toque; y si al final lo deseas, que mis labios sientan los tuyos rosándose en armonía. Y demuéstrame así lo que mis ojos dudan y mi cuerpo percibe es real… cuando menos ahora.
Me cuestiono si tus palabras bastaran, si me embelesaran al emitirlas tu voz y con ello podre olvidarme de lo demás, de mis infinitos tormentos. ¿Es a caso que mi alma, en este cariz fosco, percibirá mucho más de lo que mis ojos captan al estar en tu presencia?, y así aclarar la imagen borrosa que miro ante mí de ti, mi querida. ¿Sera así?
No respondes a mis interrogantes… Quizá sea por qué no sé escuchar lo que expresas, o cómo hacerlo correctamente; ¿o prefieres el silencio indiferente, o, la voz parca de un alma cóncava; es eso? ¿Sera probable que mientras más pase contigo se facilitará el escucharte, el verte cómo eres realmente? Esta incertidumbre, superada mi paciencia o mi temple, ¿será?, me conducirá al despeñadero de la manía; caminando sin poder distinguir gran cosa en esta atmosfera tenue de visión y amplia en misterio y temor; ¿o me guiaras de la mano entre la penuria aciaga de este delirante lugar, llevándome de la mano por un terreno ya sabido por ti?
Supongo que no tengo más remedio que permanecer aquí, ¿a dónde más iría, que más haría?, y descubrir tu verdadera figura… ¡Después de todo, estoy casi seguro, yo mismo he creado esta niebla!


Si dejas de sentir… si dudas de lo que sientes, lo que en ti provoco, quizá, mejor será desvanecerse entre la bruma, y dejar el placer y el deseo en lo inconcluso de lo que hasta ahora se ha forjado. –Nota escrita para una despedida.

D. Leon. Mayén


Sin título
Fotografía del perfil, en Flickr, de Kasia
(Usada bajo la licencia Creative Commons)

lunes, 19 de septiembre de 2016

Al otro extremo... Arrebato pasional - "Parte 3: Una noche única como ella"


En esta la tercera parte, Leandro, insomne, se dispone a escribir una epístola a Sonia, declarando en ella su arrepentimiento, y sentir por ella, al haberle mentido con descaro. Para al final distanciarse, él a la espera por ella, y ella.... bueno....
Esta parte es un poco más extensa; por ello vendrá a ser la penúltima parte del cuento. Tal vez me pase de cursi, no lo sé. La parte de la carta, me resultó un tanto inevitable llegado a este punto de la trama; supongo por que es muy mío ser romántico de esta forma (en riesgo de extinción), ja-ja-ja.  Sin más que decir, espero esta fracción de la historia sea de su agrado queridos lectores -al igual que espero hayan sido las partes previas-.


Al otro extremo… Arrebato pasional


Una noche única como ella

Leandro miraba las fotografías tomadas con su cámara a lo largo del día, comenzando en Trafalgar Square, dándole poca importancia a todos esos lugares que capturara interesado en ellos o meramente pareciéndole dignos de fotografiar, pasándolos de largo; y deteniéndose a contemplar a detalle en las que aparecía Soñichka o ambos a cuadro; pues ella le había pedido tomarlas para después se las enviara por e-mail. Miraba a Soñichka, a medio cubrir por las tibias sabanas, con media pierna de fuera al igual que su espalda, hasta llegar a donde pierde su nombre, e iluminada por la luz de la luna que, desde su cintura hacia abajo, le alumbraba con resplandor, de una forma, a los ojos de Leandro, etérea, mágica, divina; contemplando su juvenil y exuberante piel emanante de beldad pura, luchaba indeciso contra el impulso de fotografiarla, temiendo y sopesando las repercusiones de dicho acto: proyectando que terminaran en internet por numerosos infortunios, como ser hackeado, perder la cámara o memoria, etc., y con ello terminar por menoscabar a Soñichka, algo que temía con angustia. Al final, decidió proceder con dicha pretensión, prometiéndose resguardar la fotografía de ojos extraños, y pedir más tarde su venia para conservarla, o eliminarla si no era así. Cambió la memoria por la de respaldo y colocándose de tal modo que el rostro de ella no saliera a cuadro oprimió el disparador y la inmortalizo en pixeles, bits; y con ello sentimientos, recuerdos, que quería no desaparecieran nunca, más allá de su memoria.
Tras observarla dormir, por un buen rato, dio una rápida hojeada a sus libros, abrió el cuaderno en el escritorio y se puso a escribir, curvando y entrelazando los caracteres romances:
«Londres, Inglaterra. “Habitación de huéspedes de Lucilda.”      Verano de 201(…)    Para Sonia a secas.
Te escribo esta carta, querida Soñichka, porque sé que jamás nadie te escribirá una; en estos tiempos ya no; por tanto, tengo la esperanza de que la atesores, en caso de que no termines por odiarme al terminar de leerla; por mi atrevimiento… Mi descaro. También la redacto porque ni mil mensajitos podrían expresar lo que siento, lo que mi corazón envía a mi cerebro y este transcribe lo mejor que puede, para con mis dedos, mi muñeca, plasmar con tinta en estas hojas lo que quiero que sepas, lo que siento, lo que me impide conciliar el sueño ahora; y no podría expresarte todo esto con palabras, al menos no sin antes registrarlas en lienzo. En verdad, sinceramente, Sonia, lo hago así por mi cobardía a decirte la verdad de frente; y temiendo en un arrebato se estropee todo.
La verdad es que no soy ruso, escasas palabras sé, y escribirlo… menos, lo más que conozco de esa misteriosa y excitante cultura es algo de su literatura de hace dos siglos; lo que se dice de ellos con exageración en series, TV, películas y videojuegos, la leyenda rusa que el “mundo” ha creado de ellos; en parte cierta supongo, toda leyenda tiene algo de verdad. Por otro lado, mi inglés es regular tirando a pobre, supongo. Liev es el nombre del autor del libro que leo actualmente; mi nombre es Leandro (…).  Y la mayor verdad, la mayor mentira, es que hablo español… Por consiguiente lo entiendo a la “perfección”; cada palabra que pronunciaste creyendo no la captaría la he comprendido. Te he mentido, y desde el primer momento me he arrepentido; me deje llevar, influenciar por Tomás… Y después no supe como confesártelo; conforme pasaba el tiempo más difícil se volvía hacerlo, y no encontraba como afrontarlo, decírtelo; temía huyeras sin remedio al hacerlo. En la librería, daba y daba vueltas pensando como decirlo; pero cuando mi angustia era creciente repentinamente me calme y deje fluir la situación con naturalidad. Ahora bien, si en este punto estas enfadada, molesta por haberte engañado con descaro, por favor te pido no sigas leyendo; y entenderé si botas, rompes o quemas esta misiva, o si haces todo junto. Por favor no creas que todo ha sido nada más que un ardid para terminar en la cama; es sólo que soy un idiota, el imbécil más grande al haberte mentido, y créeme que me arrepiento profundamente. Si pudiera volver en el tiempo… No cambiaría nada, pues creo con fervor, los acontecimientos de hoy son la prueba de un fatalismo fluctuante de determinismo; siempre he creído que el “mundo humano” es así, y hoy más que nunca; además no te vería como lo hago ahora.
Ayer, hace unas horas, ahora (contigo el tiempo me es confuso), oyéndote hablar he querido conversar y contarte tantas cosas, en principio pensé que lo que tenía por decir te parecería estúpido, mundano y vano, y creo estar equivocado, tan equivocado. Por cierto, he revisado tu teléfono, no he mirado tus mensajes, sí tus fotos, historial de internet y algunas cosillas más, lo siento por invadir tu privacidad; no es escusa pero, quería conocerte un poco más, y como permanecía con mi estupidez de pretender ser alguien más, bueno…
Espero poderte compensar; si es que así lo decides, contestare todas tus preguntas sin importar que. Te contare un poco de mí, soy alguien generalmente solitario; la solitud es común en mí. Tomás es… en gran parte opuesto a como soy yo, y somos amigos pese a ello, porque su amistad siempre ha sido incondicional; y aún con nuestros constantes desacuerdos y conflictos no rompemos nuestra amistad. Y supongo, le debo en gran parte el conocerte, pero no le culpare si esto sale mal, pues en cualquier momento pude decirte la verdad, o rehusarme a su plan. Mi soledad y melancolía, con las que vivo y siento la vida, son eclipsadas ahora por ti, con lo que creo es una honda conexión, y temó no sea reciproca sino imaginaciones mías.
Debo confesarte, en este viaje, en esta ciudad, se estremecen mis sentidos; al oír el acento, o acentos, originarios de esta región, específicamente de las damas inglesas, es que me ocurre sobre todo; pero sobre este particular deleite sensual que sufro, siempre se ha hallado, por mucho, el de escuchar hablar a una dama como tú; hay algo en tu acento que me cautiva, embelesa sin remedio, incluso diría excita. Jamás había apreciado tanto el lenguaje hispánico, nuestro idioma, como ahora… Oyendo de tu embelesadora y melodiosa voz las palabras que florecían de ella. Tu voz me resulta canola, magnifica, atildada por ese sensual acento castellano prodigado de “des” en sustitución de algunas consonantes. Simplemente enloquezco, enervándome por completo al oírte pronunciar cualquier palabra.
Londres me resulta muy pintoresco y a la vez vibrante, pero las ciudades son sólo lo que la gente plasma en ellas, y lo que ellas expelen es lo que es su gente; por ello, ahora, nada me haría más feliz que descubrir la ciudad o donde quiera que sea el lugar que te viera crecer, aquel al que de seguro llamas hogar con orgullo. No me atrevo siquiera a imaginarlo, ya que sé erraría al hacerlo.
Me has otorgado el mejor día de mi vida, hasta ahora. Si no me perdonaras, tratare de recordar lo mejor de este día, y no emperrarme en la culpa y la desdicha.
Creo que sería aventurado decirte que lo que siento es porque te amo; y siento que no hacerlo sería expresar algo deshonesto. Estoy  tan confundido, como nunca lo he estado o creería estarlo.
Creo que el amor es, fuera de su manto que cobija embelesador y cegador, hipócrita, pues al salir de esa ilusión que nos hiciera ver y creer lo mejor sobre la persona “amada”, al menos en apariencia, el golpe con la realidad es brutal, a veces; y aún así seguimos repitiendo el patrón. Sabiendo esto… Quiero creer, querida Soñichka, que lo que siento ahora por ti es un algo, espero, más allá del amor convencional, de ese simplón, vano y carente de inteligencia y profundidad, ese del que todos hablan y se habla en canciones poperas y películas trilladas; llegando a tal grado de unir dos almas más allá de tiempo, distancia o lo que sea. También, me considero alguien pirrónico a creer en el amor repentino, el mítico “a primera vista”; incluso a expresarlo sin meditarlo y evaluarlo, si realmente es lo que siento y no un arrebato caprichoso de mis emociones o sentidos; incluso lo hago de este modo simplemente para usar la palabra en cualquier ámbito de mi vida. Y tú, mi querida Soñichka… me desconciertas, enervas mi temple, mi razonamiento, mi lógica, mi cordura... Esta noche, inolvidable, de añoranza, te he dicho que te amo sin que lo sepas… Y ya no se, Sonia, si es verdad… si es verdad en lo que creo, mis convicciones, mis opiniones y puntos de vista sobre las mujeres, el amor, su significado, como se siente… Si lo que siento es amor, y por tanto, si te amo. No lo sé Sonia. Y temó con pavor, un miedo apabullante, que sea así, porque de ser así, no sé qué hare; pero soy consciente que será mi ruina, mi fin… sin ti.
Hasta esta noche… Por esta noche a tu lado, ahora dudo alguna vez haber hecho el amor; los actos íntimos que tuve con anterioridad no son ni de cerca lo que tuvimos esta noche, se quedan muy detrás del placer que hoy experimente, que está con cada latido de mi corazón, que me hace sufrir como nunca creí posible. Si no duele no se ama; y por amor se sufre, ¿no?
Justo escribiendo esto, contengo mis suspiros, mis lagrimas (pues si te despierto que pensaras de mí; y no es que me importe que me veas llorar por ti, sino que me creas un raro) al imaginar que si me perdonaras por engañarte irremediablemente nos separaremos en unos días, yo partiendo al este y tu al sur… No sufro por qué no sientas lo mismo que yo, eso es decisión tuya y la respetare, sufro pensando que me correspondas y no culmine lo que deseemos que sea de nosotros, y se quiebre sin remedio al separarnos. Dicen que el amor de lejos es para… ustedes dirían «gilipollas», ja-ja. En este momento quiero creer, como varias ideas en mí, con convicción, que no será así, que quizá hallemos un modo de estar juntos, de profesarnos ese amor que espero compartamos. Pero, también temo hacerlo, hacer todo por ti, por sobre mí y otros; temo dejar todo por ti, abandonarlo, “solo tendrías que pedírmelo”, y que con el tiempo el hechizo embestido sobre mí se desvanezca, y con ello lo que hoy deseo más que nada desaparezca resultando con el tiempo un recuerdo, una ilusión etérea de una vida hasta entonces maravillosa. Este es mi peor mal, proyectar, imaginar lo que es, fue y será de lo que vivo y veo, es mi maldición… Y entre ello, tú mi contradicción.
Todo lo que daba por hecho me resulta ahora equivoco o dudoso; me siento temeroso e inseguro sobre la vida, y quiero con anhelo que me muestres la tuya, esperando vuelvan los colores donde ya no los hay, que me ayudes a retomar el rumbo al camino que acabo de perder: pensando en no verte de nuevo, pues si llegáramos a congeniar, como espero sea, la distancia nos separara, sin mucho que podamos hacer para remediarlo.
Cien razones puedo ver en lo nuestro, lo que tenemos hasta ahora: como que cada decisión que hemos tomado y aún antes de poder hacerlo, nos ha traído irremediablemente a este momento, para cambiara nuestras vidas; o que nuestras almas, en cada vida, con ardimiento se han atraído una y otra vez para estar juntas, siendo lo nuestro un amor mas allá de la muerte y profundo en la vida; también, podría ser que nuestras almas se sintiesen solas, y al el Universo sentir esa soledad conspirara y nos guiara a este viaje, para  al sentirnos atraernos fatalmente y unir nuestras almas afines, y ansiar por voluntad propia estar juntos (siendo así como me complace creerlo). Pero, mi mente más allá de toda lógica, misma que prevalece casi en todo momento, se rehúsa a creer que es un simple encuentro casual y fugaz entre dos simples personas que se encontraron por casualidad, para después seguir con sus vidas tal y como eran antes de encontrarse. Creo que mi cerebro estallara y mi corazón se despedazara compreso, abrumados por las sensaciones y sentimientos profundos, intensos, avasalladores que imperan en mí. Prefiero pensar que todo mi ser es el que me lleva a sentir esto; que hasta el último átomo vibra con excitación al sentirte, ya sea cerca de mí, ya sea viéndote, ya sea meramente en mi pensamiento.
Eres mi contradicción porque quiero que seas lo que espero que seas, pero no te confundas, no quiero que seas algo determinado por mí, quiero que seas esa a quien le puedo contar todo, la que me ame por quien soy, que comparta su vida conmigo, tal vez la última y única; y mi contradicción porque yo no creía en esto, y ahora sólo quiero creer. Entre lágrimas, por mi corazón que se desborda, te digo Sonia: ¡Si me odias, si me desprecias por mentirte, es mi justo castigo por deshonrarte, injuriarte, crearte sentimientos ilusorios; y si me correspondes, me aceptas, ¡la dicha no cabra en mí y mi felicidad será total!
Considerándolo todo, tranquilizándome y meditando mirando por la ventana, quiero decirte, que sepas, que te amo, sí, te amo; porque si el enamoramiento es un proceso químico, en parte involuntario y que surge del inconsciente, ahora soy víctima de dicho proceso, y si tú lo provocaste puedo decir que te amo sin faltar a mis convicciones, dejándome de mis absurdas dudas existenciales. ¡Te amo! Muy a mi modo nubloso y prodigado de incertidumbre, ¡te amo!
Ahora tratare, me esforzare, por sacar de mí ser, y que sepas, lo que siento por ti, más concretamente lo que me quema, lo que habita ardido en mi pecho mientras asoma el sol esperando le cuente la dicha de mi vida; y no pensando en escenarios que quizá no sean reales a futuro. ¡Aunque lo que escriba realmente no pueda capturar o denotar lo que siento con análoga intensidad!
Al igual que anoche, mientras jugaba con tus labios y, repentinamente, me golpeabas la espalda con los talones o me alabas del cabello… Lo que quiero que sepas con esto, es que por ti sufriría lo que sea con tal de complacerte… Así me pidas te olvide.
Durante la noche, durante nuestro encuentro romántico, intimo, amoroso, no podía dejar, evitar, besar tu boca, por sobre otras zonas de tu precioso cuerpo, impulsado por un incontenible clamor de sensaciones, que al hacerlo era como obtener de tu aliento un algo que llenaba mi pecho, mi alma; algo que creo es lo que habita en la tuya, lo bello en ella, en ti, y como sientes la vida; pues ahora a unas horas de este glorioso momento, nuestro momento, extraña e irremediablemente veo el mundo diferente: todo brilla más, es más grato, más… lleno de vida (bien podría ser el cambio de iluminación, ja-ja). ¡Gracias por ello… por tus dulces besos que yacen ahora en mi alma!
Ojos verdes, azules y de otras tonalidades los hay, pero para mí los más bellos son los tuyos. El color, visto superfluamente, como la mayoría hace, es un mero engaño propio, pues sólo resaltan su vistosidad; sin en cambio todos pudieran ver lo que he visto en los tuyos… Cuando me mirabas en el museo desviando de inmediato tu mirada frágil como el cristal, o en la “dulcería” llenos de evidente jubilo como la niña que creo aún yace en ti; o en el lecho cuando nuestras miradas se encontraban, ¡y más aún!, cuando se buscaban motivadas por sensaciones y sentimientos mutuos, compartidos del uno por el otro, y pare el otro; sería más grata y sencilla esta vida… un poco menos banal y sumamente más bella. Quisiera mis ojos vieran los tuyos cada día, pero…
Comparto, como varias de tus ideas y pensamientos, contigo la opinión sobre que, si a caso habrá un par de millones de personas en este vasto planeta que en verdad traten con respeto y dignidad a los animales, no como iguales, ni como inferiores, como debe ser. “Verdaderos héroes; dignos de admiración”, como dijiste. En lo que discrepo rotundamente, con inflexión y sin miramientos, es en que sepan mejor las hamburguesas con cátsup y sin papas a la francesa.
Por qué lo dijiste, sé lo importante que es tu preparación para tu futuro; el que quieres; y me honrarías si formara parte de él, aunque fuera como un simple amigo casual con quien hablas al estar aburrida; pero a la vez, me niego a que me cambiaras o interfiriera con él.
Si me preguntaras que es lo que más quiero en esta vida, ahora te contestaría que es estar contigo, a tu lado, compartir nuestras vidas, ver el mundo progresar o degradarse, pero contigo a mi lado, estar horas y horas contigo en la cama, y no solo haciendo el amor, sino también acariciando tu piel desnuda mientras me cuentas algo, lo que sea, no me importa, o, también, en completo silencio, como esta noche, dejando que nuestros cuerpos hablen, sientan y gocen de nuestra compañía (creo que también me has hecho apreciar el silencio); o meramente durmiendo y roncando, ja-ja; mientras estés a mi lado. Mientras estés a mi lado, física o moralmente, siento casi como un presentimiento, una vocecilla que me dice que todo será mejor, todo irá bien sin importar que pase.
De todos los países, de todas las mujeres, tenias que ser tú a quien mejor se ajustan los términos «el amor de mi vida», «alma gemela», etc. Supongo que en realidad el amor no tiene fronteras; aunque te debo decir que eso de la frontera no creí que cubriera todo un mar de lejanía. De entre miles de posibilidades en mi vida, me tenía que enamorar de ti; no lo digo con pesar, sino como un hecho ineludible. Y no es que tuviéramos que conocernos de un modo u otro, sino más bien que tenía que ser ahora y aquí, solamente aquí y sin más opciones. ¡Lo vez, me es imposible dejar de pensar en los porqués y motivos, el trasfondo y la profundidad de todo!
Creo que esta carta es poco clara y concisa sobre mi sentir; pero estoy abrumado, cansado física y mentalmente, y es la quinta vez que la reescribo, por lo que prefiero, si es que lo quieres y me lo permites, mostrártelo, quererte, adorarte y enloquecer por ti.

P.D.:
Si has llegado a esta parte de la carta, y no me odias, o solo quieres patearme la ingle, te esperare en el parque que cruzamos para llegar a la biblioteca, hoy a las 5:00 pm, la hora del té. Y si no llegaras a tiempo, amada Soñichka, dejare una nota debajo de la banca que mira al sur y en ella encontraras donde aguardare por ti al día siguiente. Si no te presentas… mi amada Soñichka, sabré tu sentir y pensar. Lo hago así esperando que si me odias y no acudes, conservaré el recuerdo de hoy intacto como está hasta ahora, y preguntándome hasta la tumba que hubiera sido si… Hoy cuando me marche, y bese tu mano, será una expresión de que te amo, mi voz enmudecida y mi corazón expresándote su amor por ti.
Si hago todo esto es con la esperanza de tu perdón, y evitando una confrontación que estropee todo, a la vez que puedas procesar todo de mejor manera y decidas a tus anchas. Por cierto, te deje dos presentes detrás de la pantalla, en la sala, ¡espero sean de tu agrado!
Al igual que nadie te escribirá ya una carta romántica, amorosa, como ésta, nadie te amara como yo haré… Mi amada Soñichka.
                                                                                                 Я люблю тебя,  мой Соня... Сонечка

Sonia despertó; Liev volteó de inmediato al ella llamarle. Sonriente, despeinada y somnolienta, pero bella y sensual ante la luz amarillenta de la lámpara de mesa, estirando el brazo pedía a Liev le acompañara en la cama. Liev dejó lo que estaba haciendo: meditar mirando las gotas de lluvia escurrir por el cristal de la ventana; y acudió ante Sonia, su amada Soñichka. Se introdujo en las sabanas, puesto que la atmosfera había enfriado un poco. Sonia le abrazó, y sonriendo con júbilo le estrujó con cariño acercándose tanto como le fue posible a él, y, entrelazó y frotó su pierna con la de él. Él le abrazó con fuerza, beso su nuca, y acariciando suavemente su brazo suspiró hondamente, cerró los ojos al hacerlo y dijo musitando:
YA lyublyu tibya, Soñia… YA lyublyu tibya.1
1 ¡Te amo, Sonia… te amo!
Para Sonia, fuera del confort y el cariño que experimentaba, pasaba por alto la punzante e intensa aflicción que experimentaba Leandro, colerizándole, compungiéndole y martirizándole por diversas razones completamente ignoradas por ella. Al poco, a Leandro una profunda paz interna y sosiego le mecían, apartándolo de preocupaciones y angustias, sintiendo el cálido momento así como el cuerpo de Sonia pegado al suyo, con plenitud hasta volver a dormir.
Antes de medio día, Leandro y Sonia yacían acurrucados, de costado, él de espaldas a ella abrazándola con fuerza sabiendo, muy probablemente, no volvería a hacerlo nunca. Sonia se levantó y tras besarlo, y él desairar su invitación, de inmediato se dirigió a la ducha. Escuchando el agua caer antes de cerrase la puerta, Leandro se incorporó sentándose al borde de la cama, mirando al suelo con profundo pesar en su ser… Dio un hondo suspiro, miró al techo y se dispuso a vestirse. Apenas dejó sobre el escritorio el celular de Sonia, directo, dejó una nota a primera vista para cuando ella saliera; y cruzó el umbral.
Sonia, secándose el cabello tras vestirse, en la sala, atendió al llamado del timbre de la puerta del departamento. Y como indicaba en la nota, Leandro volvió con el desayuno; yendo a un lugar cercano a unas cuentas calles del departamento, más concretamente en la esquina de Commercial St y Lolesworth: en un grato lugar llamado «Lupita». Colocó la bolsa sobre la barra y ambos tomaron asiento: Sonia de frente a Liev, pues quería verle con ahincó. Al Liev servirle en el plato dos porciones ella preguntó jubilosa:
What is this? 2 —Leandro fue sacado de su transe pensativo, para responderle, meditando el modo en que lo haría, el asentó, esperando no delatarse.
2 ¿Qué es esto?
It’s… —Hizo una pausa fingiendo buscar en su mente. —Tacos of po… chicken pibil and pastor. And to drink, deliciouscoolwater of jamaica and horchata. Mexican food! 3 ­—Esta vez, al terminar de hablar, se sintió tan estúpido, ya que era un asentó sumamente estadounidense, nada que ver con sus anteriores pretensiones. Por ello, se preguntaba, consideraba, la posibilidad de que Sonia supiera o cuando menos se imaginara la verdad, y no le importara; llegando a relajarse al convencerse de ello—. I hope you enjoy it, Soñia.4
3 Es… Tacos de po… pollo pibil y pastor. Y para beber, deliciosa agua “fresca” de jamaica y horchata.
4 Espero que lo disfrutes, Sonia.
Sonia, bebiendo con ayuda de un popote, primero del agua blanquecina que le sirviera Liev, miraba a este alistar su plato, bañando la carne sobre el “platito comestible de maíz” con abundantes gotas de limón y algunos condimentos más, y saltándose la salsa. Al ver esto, Sonia imitó el proceso, al igual que la forma de sostenerlos y llevarlos hasta la boca; mismo modo que estaba especificado en un par de mantelitos de papel que venían con la orden. Leandro sabía que todo fue de su agrado notándolo por su expresión al comer, al igual que el agua fresca que tomara con prisa. Y por último, como postre, Leandro sacó de la bolsa unos largos y azucarados churros.
Al terminar ambos con los platos, fueron al sofá, donde miraron la TV sin prestar realmente atención a lo que ocurría en aquel pixelado rectángulo, pues cada uno se sumergía en sus pensamientos, miedos y fantasías. Ella ansiosa y feliz; él melancólico y angustiado, tan temeroso como nunca de la incertidumbre del futuro. Entre tanto, Sonia jugaba con la mano de Liev, y él le acariciaba sus largos cabellos, suavemente, subiendo y bajando. Sonia buscó un beso, y al poco buscó otro; deteniéndose Leandro al saber donde terminarían de seguir por ese camino calzado de besos, arrumacos, caricias y emociones intensas.
En la puerta, tras intercambiar unas palabras, Sonia, afligida y melancólica, estaba dudosa de si besarle, despedirse de mano o quizá un abrazo; Leandro le tomó la mano y antes de besarla dijo, hilando lo que pudo para decir lo que quería:
Da svidañiya! My beloved, Soñichka 5 —Tardo en liberar su mano y le sonrió con nostalgia al hacerlo, mirando fugazmente su rostro sonrojado; para salir por la puerta y cerrarla tras de sí… portando consigo un equipaje sumamente pesado y voluptuoso, un equipaje emocional de contenido diverso y variado, matizado, pesaroso y gozoso. Y un obsequio en una bolsa.
5 ¡Adiós! Mi amada, Sonia.
Bajo a la ventana de la habitación de Sonia, Leandro se montaba en un taxi, mientras ella, sentada en su escritorio, comenzaba a leer la carta dejada entre las hojas de su cuaderno.

D. Leon. Mayén
Al otro extremo… Arrebato pasional - CC by-nc-nd 4.0 - D. Leon. Mayén

jueves, 1 de septiembre de 2016

Destino

Después de largo tiempo sin escribir algo de éste estilo; principalmente por enfocarme en escribir un cuento largo, durante un mes; y hace pocos días sufriendo los embates repentinos y constantes de la nostalgia del recuerdo y la compunción de la añoranza de lo que se fue y desearía fuera; es ahora que escribo esto. Retomando la escritura de las lineas pensando en ella -sin poder superarla del todo, pues cómo he dicho antes, es parte de mí-.

sábado, 11 de junio de 2016

Mujeres - Divinas mujeres

Ensayo. Mujeres, y una porción sobre mi perspectiva sobre ellas; en conjunto con algunas de mis bagatelas referentes al amor.


Mujeres

Divinas mujeres


¡Ah! Mujeres. Con ellas todo, sin ellas nada.
He oído tanto sobre ellas a lo largo de mi corta vida. Cosas tanto positivas como negativas, y algo que con el tiempo ha perdido importancia para mí, pues muchas opiniones provienen del prejuicio, el ego o la ignorancia; cosas hechas, o dichas que, como muchas, son emitidas por el interlocutor sin filtro alguno, y sin importar como repercutirán en el entorno.
Mujeres “buenas y malas” las hay, sí claro, al igual que hombres de igual manera. Así como la mujer es digna de la más ferviente admiración, también hay que temerle; temer a lo que puede provocar en un hombre.
Quizá por fortuna, o tal vez por mero azar, he “visto” diversidad de mujeres. Algo fácil cuando se apartan prejuicios y tonterías de mundana calaña. Pues la mujer no es como nos lo hacen ver o creer. Una mujer bella o atractiva no es más mujer por serlo —una rosa no es rosa sólo al ser de color rosa—. En la actualidad es difícil mirar a una mujer como mujer. Pues, pareciera que socialmente sólo es fémina la que posee los atributos físicos necesarios para despertar atracción hacia el sexo opuesto, y envidia entre el propio.
Como hombre puedo ver la belleza —refiriéndome a atracción física—, cómo esas sensaciones guiadas de forma subconsciente a causa de ciertas características físicas en la mujer —algunas por demás estereotipadas—. Como hombre sucumbo ante esas características, ¡es casi inevitable!, lo quiera o no. (Recuerdo en particular  una ocasión en que, caminando entre la gente, tomado de la mano de quien fuera entonces mi novia; ella notó que de reojo admiraba esa belleza a la que me refiero en una mujer al otro lado de la calle. Más tarde, ella, sin preocupación alguna me cuestiono acerca de ello. A lo que le respondí: «Me resulta un tanto inevitable resistirme a mirar, ¡es algo inconsciente y más poderoso que yo!». Tras mi respuesta sentí que había metido la pata del todo. Pero, ella siendo alguien madura y comprensiva me contesto tranquila y en broma: «Está bien, mientras no me sueltes y corras atrás de ella, como perro en brama». Reímos y olvidamos el asunto).
En aquella situación, y aunque a ojos de muchos la mujer que llamó mi atención poseía una belleza particularmente embelesadora; para mí sólo fue algo fugas; sí claro, provoco en mi sensaciones —más no sentimientos—, al admirarle. Sensaciones que de dejarme llevar por ellas, me llevarían a no sé dónde; pero sí a convertirme en alguien desleal e insincero. En ese entonces, los sentimientos, arraigados en mí, hacia mí novia fueron lo suficientemente «profundos» como para que yo comprendiera esto que cuento, tras reflexionarlo.
Si bien la belleza es digna de admirarse, también debe ser se cauto ante ella. Esa misma belleza puede ser la mascarada perfecta, para tantas situaciones… viles, ruines y perversas: como de telenovela, pero peores, porque no son al otro lado de la pantalla y mucho menos efímeras.
En repetidas ocasiones, he oído —­y visto, claro—, en programas de TV o de amigos y/o amigas, la pregunta: ¿Qué es lo primero que miras en una mujer, o que te atrae de ella?  Jamás me han hecho esta pregunta en lo particular. ¿Qué respondería? Depende, depende de a quien mire; en toda mujer siempre hay algo que resalta, su cabello o el color de este, sus ojos, su rostro —o alguna facción en él—, su voz, su inteligencia o, porque no, su bondad, entre algunas. Pero, irremediablemente, a primera vista observó todo lo que puedo, desde los pies hasta la cabeza y dejo que mi subconsciente elucubre, luchando por no sucumbir a los encantos antes mencionados; además de prestar suma atención en su forma de ser, su personalidad, su manera de pensar, etc. Muchos, al oír la pregunta antes planteada, de inmediato piensan en dos cosas, los pechos y los glúteos; muchos incluso esperan que sea esa la respuesta. No soy hipócrita, no diré que yo no lo hago al observar a una mujer. Lo hago, pero no le doy una importancia absoluta y frívola —como algunos muchos. Es como preguntar a alguien: ¿Cómo es ella? Y respondiera: «¡Tiene unos pechos!» ¿Y qué más? Y no supiera más que decir pechos.
Para mí una respuesta más elemental e incluso profunda, seria: ¿Qué te enamora de una mujer? Puede resultar complicado separar amor de atracción, al responder. Pero, aún separando el amor como algo profundo y subjetivo; en contraste con la atracción, algo superficial e impulsivo —ambos de igual modo subconscientes—, es difícil responder. El amor en conjunto a la atracción es algo espontaneo e inesperado, y brumoso.
Es diferente amar a alguien, y que te enamoren. ¡Que te enamoren! Dirán que eso es cosa de niñas; pero, si un hombre siente amor hacia una mujer: se enamora —antes o después—, por lo que la ama; y si ese amor es a causa de actos realizadas por esa mujer, ¿a caso no le ha enamorado dicha mujer? Yo pienso que sí. Y a todos nos pasa, sólo que no se habla mucho de ello.
De mi novia, a quien me he referido antes, lo primero que me atrajo de ella fue su iniciativa; llena de seguridad y con libertad al hablar, eso un poco más que su apariencia física —la cual, en conjunto, también me cautivo—; al ser yo un tanto tímido, me pareció atractivo en ella, y aliviador, ja-ja. —Y de no ser por eso, no nos hubiéramos conocido—. Visualmente lo que más llamó mi atención en ella fue su rostro, desde su cabello hasta su cuello; el conjunto de sus rasgos faciales me parecía en lo particular eclipsante. Lo más irresistible en ella era su sonrisa —era lo que para mí resaltaba más en las primeras veces que nos vimos—. Después, con el tiempo, comenzaba a tener sentimientos por ella tan sólo al advertir su presencia, al observar sus gestos, al dialogar y escuchar su melodiosa voz; el delicado movimiento de sus manos, o el moverse de su cabellera al andar. Los mismos sentimientos crecían en mí al conocerla más, saber lo que le gusta, lo que no y porque; sus ideas y pensamientos. Lo que me enamoró de ella rotundamente, además de lo que ella provocaba en mí, fue lo que yo provocaba en ella: cosas y características que pudo ver en mí y que yo no sabía siquiera que poseía; me hizo evolucionar como ser —actualmente, y por infortunio, eso no cualquiera lo puede lograr­—.
Belleza interior, belleza exterior. A veces, lo veo como un libro: una bonita portada sin un buen contenido es algo frívolo y soez. Un buen contenido hace que la portada sea algo secundario. Y un buen contenido con una bonita portada, ¡bueno! es un privilegio —que tampoco es para hacer mucho revuelo; aunque es como toparse con un billete de lotería premiado—. Aunque como todo en esta vida, depende de la perspectiva de quien mira.
En resumen, para mí la belleza de una mujer es la suma de un todo, más que de un puñado de características en ella, o de algo en general y dado por hecho. Al final todos somos lo mismo, sólo que armados con diferentes piezas, tomadas al azar, y mientras andamos de aquí a allá. Y en cuanto al amor y la atracción, me resultan por igual hipócritas… como nosotros mismos —variante en mayor o menor cantidad, pero inevitablemente con ella en nuestro interior—.

Si se busca el amor ¿A caso no basta con encontrar a alguien con la capacidad de amar y ser amado?

Por último, y como observación. Podrán decir que Dios, en su infinita sabiduría, creo a la mujer a partir del hombre —¡y a nadie le consta!—. Pero, sin embargo, cada hombre proviene de una mujer, y eso es ley de vida. ¡Sino pregunta a tu madre!

¡Por lo que considero, más que un ser creado por lo divino, resulta ser una divinidad!


D. Leon. Mayén

domingo, 29 de mayo de 2016

Hoy y Siempre

Mientras más tiempo pasa; mientras la vida se lleva consigo mis antiguos sueños y anhelos, diluyéndolos con cada parsimonioso, pero constante,  movimiento de la más extensa de las manecillas en el reloj; consigo parten esos deseos, planes y esperanzas: de estar con ella, compartir nuestras vidas.
Pero, espero que aún sepa que, pase lo que pase y sea cuando sea, estaré ahí: donde tenga que ir, cuando tenga que ir y para lo que sea.


Hoy y Siempre


Se fuerte y resiste, resiste de pie, o harta y cansada en tu cama, pero como sea, se fuerte y resiste.
Resiste las inclemencias de la vida, los obstáculos en ella, las dificultades que parecen insolubles, los días tristes, las noches solitarias.
Resiste hasta que vuelva; o hasta que un día por azar nos volvamos a encontrar, el día en que espero me cuentes que todo va bien, que tu vida es como la soñaste. Pero, si no es así, ten por seguro que estaré ahí para ti.
¡Tan sólo resiste!


D. Leon. Mayén


Hoy y Siempre - CC by-nc-nd 4.0 - D. Leon. Mayén

viernes, 27 de mayo de 2016

Frío Invierno

17-10-15

Frío Invierno


De nuevo, como cada año, ha llegado esta estación del año.  La que hace tiempo ame tanto. Días, tardes y noches; frías, húmedas y lluviosas.
Siento el frío que atraviesa la ventana, y se filtra por debajo de la puerta.

En cuanto el frío se apodera de mis sentidos, provocándome la nostalgia de cálidos recuerdos, te echo de menos. Extrañó esas noches de otoño e invierno, donde bajo las sabanas nuestros cuerpos encontraban calor en el otro permaneciendo tan juntos como si fuésemos uno solo; hasta que con un cálido beso por la mañana te marcharas.


D. Leon. Mayén

Frío Invierno - CC by-nc-nd 4.0 - D. Leon. Mayén

viernes, 20 de mayo de 2016

Un paseo por la ciudad

¡Lo bello de estas líneas es que las escribí pensando en ella, y, quizá, tú lo hagas en alguien al leerlas!

Un paseo por la ciudad

 Si mañana, andando por la ciudad, nos encontramos. Al mirarte, sentiré que no he dejado de amarte, que fue apenas ayer cuando te vi por última vez.
Volverán a mí todos esos sentimientos acompañados de recuerdos, provocando en mí un incontrolable deseo de correr hacia ti, tomarte en mis brazos y hacerte girar como solía hacerlo, aprisionándote con fuerza entre mis brazos. Fingiendo que nunca terminamos. Besándote y besándote hasta el cansancio.
En cambio sólo nos saludamos, preguntando cómo hemos estado. Y siguiendo cada uno por su camino.



D. Leon. Mayén


Un paseo por la ciudad - CC by-nc-nd 4.0 - D. Leon. Mayén

jueves, 12 de mayo de 2016

Inevitable e insoportable: inesperado

No lo recuerdo del todo bien, pero creo que esto lo escribí, seguramente, en agosto del 2015, a algunos días de auto-romperme el corazón, no, destrozarme los pedazos que quedaban hasta quedar nada más que punzantes astillas; que hasta hoy siguen hiriéndome. 
Podría leer estas líneas sin fin, y el dolor que experimente al hacerlo no se diluiría al revivir cada una de ellas.
Ahora que lo pienso, ella desconoce este texto; jamás sus ojos lo vieron, y espero no lo hagan.


Inevitable e insoportable: inesperado


Cada instante que pasa me acerca más y más hacia lo que más temo, algo que parecía… distante y en su mayoría improbable. Pero aún así siempre latente, presente aún sin importar si quisiéramos o no verlo. Acechándonos permanentemente, desde las sombras, ansiando que nos descuidáramos bajando la guardia. Rondando a nuestro alrededor, siendo testigo de cada beso, cada caricia, de todos los momentos felices que vivimos. Observando atentamente… cada lagrima derramada, de cada una de todas esas noches solitarias deseando estar juntos, de las palabras que susurramos al viento por la noche, fantaseando que pudiesen llegar a oídos del otro, y las noches soñando con sentir el cuerpo del otro entre las sabanas.
Hoy, no sé que me pesa más saber, si el hecho de que es inevitable y se aproxima el momento del adiós… o más el saber que es inminente nuestra separación; y lo desconoces.
De nada serviría contar las semanas o los días, inclusive las horas. Como sea ese momento tan temido llegara, lo quiera o no.
Qué utilidad tendría marcarlo en el calendario, sólo me serviría para recordar el día en que perdí lo que me quedaba, y no me refiero a ti. Jamás fuste mía; eso sería como tener un colibrí enjaulado; precioso y siempre libre.
Ese día llegara, y caminó hacia el sin poder detenerme, paso a paso, acercándome a ese lugar al que mientras más cerca más oscuro se vuelve… El día que tanto temo, y más aún la inmediata noche.
Después de ese día no se que pasara conmigo, lo que sí sé es que estarás mejor sin mí, siguiendo tu camino como siempre has hecho. ¡Volando libre cual colibrí, mi amada…!



D. Leon. Mayén


Inevitable e insoportable: inesperado (A solas) - CC by-nc-nd 4.0 - D. Leon. Mayén

miércoles, 20 de abril de 2016

Tus besos (El último beso)

Esta vez me temo, no tengo que decir.


Tus besos (El último beso)


Beso tras beso, mi corazón llenas de júbilo.
Día tras día sin tus besos mi alma se llena de desconsuelo.
Dame un beso para acallar mis culpas.
Dame un beso que aclare mis dudas.
Dame un beso que me llene de alegría.
Dame un beso para poder soñar.
Dame un beso antes de que te vayas.

Jamás me des un beso para que te olvide, pues ese beso mi corazón llenara de pena y dolor, al ser nuestro último beso.



D. Leon. Mayén


Tus besos (El último beso) - CC by-nc-nd 4.0 - D. Leon. Mayén

martes, 12 de abril de 2016

Cerca, cerca de mí.

Leer esto me traslada a un tiempo muy concreto, no muy lejano en sentido, no así en percepción: nubloso, melancólico, desolador y doloroso para mí. Ha avivado la llama de lo que sentí, y había enterrado, tan hondo en mí que siquiera lo recordaba en lo más mínimo, hasta hoy. Podrá ser un texto corto, pero el sentimiento que resguardan estas letras es enorme.



Cerca, cerca de mí.

Aún no sucede, pero siento como si hubiese sucedido o estuviese por suceder.
Siento de nuevo el frió de la soledad, las profundas heridas del abandono que se vuelven a abrir.
Ya puedo sentir las lágrimas que caen de mi rostro, porque te has ido… sabiendo que esta vez no volverás, sabiendo que lo que tuvimos es para siempre… pero en algún momento tendrá que terminar.


D. Leon. Mayén

lunes, 28 de marzo de 2016

El cursi (Coger)

Cuento
Durante largo rato, meditándolo y sin atreverme, al final escribí y publique este cuento de mi autoría  (no el primero y espero tampoco el último)escrito en una noche solitaria y de inspiración. Espero que quien lo lea, sea de su agrado o meramente le sirva para entretenerse, cual sea el caso, agradezco el leerme.



El cursi (Coger)


En el reloj montado en la pared, a un costado de mí, marcan ya las once y diez. Ella y yo, nos limitamos, sentados en el sofá, a disfrutar de la compañía del otro; abandonados en la inmensidad de la morada. Ella con su cabeza sobre mi hombro, y con las piernas flexionadas bajo ella. Se giro, mirándonos a los ojos, y, sin advertirlo, deslizo sus labios hacia los míos, para después, acercarlos a la altura de mi oreja, susurrándome al oído.
—¡Qué! —exclamé, horrorizado (quizá exagero).
Ella me miró con asombro y desconcierto; incorporándose en su asiento y apartando la mirada. Yo callé; pensaba en lo próximo que diría y más importante haría.
De nuevo la acerque hacia mí, aprisionándola entre mis brazos; bese su mejilla y dije:
—Comenzare por acariciar tus manos suavemente; besare, y, apenas sentirás el toque de mi piel sobre la tuya, deslizándome por tu brazo hasta llegar al antebrazo. Ahí parare, te mirare a los ojos, y si veo en ellos que deseas que siga tanto como yo, lo haré. Me lanzare sobre tu cuello, tocándolo una y otra vez, sin parar; hasta que me guíes hasta donde quieras que siga. Seguramente será tu boca… nos besaremos unos instantes, pues eso ya lo hemos hecho con anterioridad y constancia. Después de eso, mi amor, te abrazare; acto seguido, resbalaran mis manos por tu espalda, hasta llegar al borde de tu playera, te despojaré de ella con ansia. —Me puse de pie, alejándome a unos pasos del sofá—.  Mientras te beso tan intensamente como sea capaz, te empujare con sutileza; y, sintiendo mi cuerpo cada vez más cercano al tuyo, terminaremos recostados sobre ese sofá, el mismo en el que estas sentada ahora. Me quitaras la ropa y yo a ti, etcétera, podrá ser con lentitud y gentileza o… tan rápido como si fuéramos a quemarnos de lujuria, de no hacerlo así; llegados a ese punto, veremos. ¡Obviamente! Estaremos al final de esa “etapa” desnudos o casi.
“Y bueno… desde ahí, propongo que nos dejemos llevar por todo lo que sintamos en ese momento y, sin tentempiés;  uniendo nuestros cuerpos con tanta pasión como podamos, aunque dejemos al mundo sin una pizca.”
Ella, sentada en el sofá, me miraba en silencio. No sé si molesta, o a caso no sabía que responder a mis tonterías cursis. Como fuera proseguí.
—Ya que te dije esto, te podrás dar cuenta que, esto que… y créeme cuando te lo digo; quiero compartir contigo, a ti que te quiero tanto; algo que quisiera disfrutáramos juntos, con tanta plenitud como nos sea humanamente posible, de ningún modo es: ¡Cogerte… tirarte, follarte, fornicarte, encamarte o como quieras llamarlo! También espero que entiendas a que me refiero, el nombre que daría a ello, que nada tiene que ver ni remotamente con lo anterior…
Mientras hablaba, mirándome los tenis, ella se lanzó sobre mí —interrumpiéndome—, besándome con arrebato, y, jalándome hasta el sofá, donde, bisbiseó a mi oído. A lo que respondí, mirándole con deseo y sonriendo pícaramente, antes de articular:

—Comenzare por acariciar tus manos suavemente…





D. Leon. Mayén


El cursi (Coger) - CC by-nc-nd 4.0 - D. Leon. Mayén