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viernes, 5 de agosto de 2016

Reseña: Infancia - Adolescencia - Juventud De: Lev Tolstoi

Reseña: Infancia - Adolescencia - Juventud
De: Lev Tolstoi


Este libro… me pareciera lo he leído durante un largo tiempo, mas no así ahora, ya que, por desgracia su extenso contenido, bello, conmovedor y grato para mi memoria, no permanece en su totalidad en mí, gracias a la vorágine emocional que he vivido el último par de meses.

Es un libro de presentación rustica, a dos columnas y bastante extenso en sus doscientas cuarenta y tres páginas tamaño A5, compuestas por las tres partes de la obra. En principio, decidiéndome por leer este libro al terminar el anterior que leía, y por dejar para después algunos otros que guardo como algo, quizá, más especial; en sus primeras páginas me pareció aburrido, algo mundano, incluso ya avanzado en algunos capítulos me sentí motivado a botarlo —realmente por cierto desagrado que tuve al leer sus líneas, algo personal, no por otro motivo—. Pero, afortunadamente, supe superar dicho desagrado, y continuar leyendo, algo de lo que me siento afortunado. En repetidas ocasiones me llegue a sentir… más que identificado, trajo a mí gratos recuerdos y sensaciones, pérdidas en mi mente, de mi infancia y adolescencia, motivados por situaciones en la historia, del protagonista «Nicolai», que me resultaron en esencia afines a situaciones de mi propia vida. Algo que me maravilla, pues más allá del tiempo, los siglos, el país, contexto histórico, idioma, clase social, etc., quiero creer con convicción, el hombre puede conectar con alguien pese a todo lo antes mencionado, dejando a un lado, claro, prejuicios e idioteces de esa calaña; incluso diría que esta obra, atemporal, me ha devuelto un poco la esperanza de conectarme con alguien, por muy difícil que me resulte. —Y algo que me lleva a escribir una historia que espero pronto terminar y compartir por este medio—.

Ahora sí, hablando del libro, todo comienza, literalmente, al, el protagonista y narrador de la historia, Nicolai —antes debo mencionar que se trata de una «autobiografía de ficción», que a mi ver poco tiene que ver con la vida de Tolstoi, pero a la vez la refleja muy bien, sobre todo en la visión de sus allegados y familia ¡Cuando menos eso me parece!—; narrar brevemente su infancia, hablando de sus hermanos, padres y criados, por quienes más tarde asevera sentir particular gratitud y afecto. La parte de infancia resulta sucinta en comparación a las siguientes. Lo que recuerdo más trascendental de esta sección es la despedida de Karl Ivanovich, el primer preceptor de la familia —cuando menos de los barones en ella. ¡Menudos tiempos!—; siendo sustituido por Saint-Jérme, quien le preparara y acompañara hasta llegado su ingreso a la universidad.

En adolescencia, cuenta Nicolai, en principio, su viaje de regreso a Moscú, a casa de su abuela, tras la penosa muerte de…; viaje hecho en compañía, esta vez, también de su hermana Liuba, y Katia —­algo que no termina de agradarme es que de Liuba se habla poco, más que para referirla ocasionalmente que tiene pies de ganso—; en este punto de la historia ya me encontraba más que enganchado, preso de lo que ocurriría y el destino de los personajes.

En Juventud, Nicolai, relata su amistad con su amigo Dimitri, al cual, cerca del final de la parte anterior de la  obra, conociera gracias a su hermano Volodia, siendo Dimitri mayor que él, y desarrollando una buena amistad pese su diferencia de edad. También cuenta su ingreso a la universidad, fugazmente. Abarcando mayormente, el trato y relaciones que tiene con allegados y familia, y sus puntos de vista sobre la vida a esa edad. También está el inesperado casamiento de su padre con una dama, su vecina inmediata: —a unos nueve kilómetros—, perteneciente a una familia con la que anteriormente se encontraban enemistados por unos terrenos en disputa; unión que desagrado tanto a Nicolai como a Volodia, y lo opuesto en Liuba.

En las líneas de esta historia, repetidas veces se habla de la muerte de seres queridos para Nicolai y su familia, algunos más para él sobre todo; personajes que llegue a apreciar por lo que se describía de ellos, y todos ellos expirando bajo circunstancias naturales; y entristecedoras también. De todos los personajes, creo que mi predilecto resulta ser Nicolai, apenas y por sobre algunos otros, siendo que sus vivencia y modo de ver me resultan… no sé con precisión como describirlo, pero no es afinidad —o poca de ella— sino admiración, quizá.

Podrá parecer que se trata de algún melodrama familiar, peor no es así; es una historia desarrollada desde el punto de vista de alguien, en este caso Nicolai; la historia de una vida, que, como todos tenemos una; invariablemente desde el principio de la humanidad; y que parte de otro grandioso rasgo de ella, contar, relatar, ¡crear! lo que se vive, piensa o imagina —o un poco de todo—. Y que, por sobre los medios actuales de comunicación audiovisuales y carentes de intimidad intelectual, logra conectar dos mentes mediante la gloria del lenguaje y la escritura.

domingo, 15 de mayo de 2016

Reseña: Los más bellos cuentos rusos

Reseña: Los más bellos cuentos rusosDe: Autores diversosPor: Editores mexicanos unidos


Heme aquí de nuevo, amigos, escribiendo de cuentos.  Anteriormente reseñe dos pertenecientes a este mismo libro: La campesina disfrazada, y, Lenochka; dos de mis preferidos en este libro, pero no los únicos, pues  al avanzar parsimonioso por entre sus páginas descubrí historias que, para mi particular sentir, me resultaron desde, entretenidas, divertidas, interesantes y, en particular la ultima, trágica, conmovedora y a la vez cruel, e inolvidable por ende—aunque apenas ayer lo termine, y en consecuencia leí el ultimo cuento titulado: «El niño», de: Vsevolod Ivanov; no creo olvidarlo fácilmente—.
Uno de ellos que, especialmente me ha divertido mucho, es el titulado: Edipo Rey —nada que ver con Sófocles—. De igual modo y mismo autor: «Los ladrones», de: Arcadi Averchenko. ¡Vaya que sí reí!
 Los que admiré por sus personajes y/o me conmovieron por su historia, fueron:
«Historia del capitán Kopeikin», de: Nicolai V. Gogol
 «Biriuk», de: Ivan S. Turgueniev
«Valor», de: Lev Tolstoi
«Los ruidos del bosque», de: V. G. Korolenko
«El capitán Kablukov», de: Leonid Andreiev.
No entro en detalles como el estilo y cosas más técnicas, literariamente hablando, porque no soy muy fijado en ese aspecto; pues, tanto al leer como escribir, prefiero hacerlo contemplando, “viviendo” una historia que me provoque algo, sensaciones, pensamientos, emociones e imagines, que vayan desde, ya sea, suspenso, intriga, incertidumbre, amor, romance, pasión, ternura, compasión, indignación, rabia, miedo, horror, repulsión, etc.; básicamente algo que me toque el corazón de alguna forma, y me haga evocar imágenes transcritas y plasmadas en mi mente al recordar lo que he leído.
Por otro lado, no menciono lo ocurrido en los relatos aludidos con la esperanza de que, al leer las líneas previas, les motive a leerlos.
Por mi parte, el libro lo adquirí en la librería… «El sótano» (no lo recordaba, ja-ja) por $40.00 monedas (pesos); también me parece se encuentra en «Casa del libro»; esto, en México al menos; desconozco si está disponible en formato digital. “Supongo se pueden hallarse en línea”.

En total, el libro, cuenta con catorce autores y quince cuentos; siendo autores que van desde principios del Siglo XIX hasta finales del mismo y principios del siguiente; y claro, todos ellos rusos.

Si llegas a leer alguno de los cuentos mencionados, me gustaría “oír” tu opinión, así mismo si adquieres el libro.


D. Leon. Mayén

martes, 26 de abril de 2016

Reseña: Lenochka

Esta reseña de nuevo trata sobre el libro, que aún no termino, titulado: «Los más bellos cuentos rusos». En este libro he encontrado cuentos que me han fascinado, sobre todo el que reseñe la vez pasada, y todos ellos con algo en común, y como lo dice el título del libro, bellos, en toda la extensión de la palabra.


Reseña: Lenochka
De: Alexandr I. Kuprin

Esta reseña de nuevo trata sobre el libro, que aún no termino, titulado: «Los más bellos cuentos rusos». En este libro he encontrado cuentos que me han fascinado, sobre todo el que reseñe la vez pasada, y todos ellos con algo en común, y como lo dice el título del libro, bellos, en toda la extensión de la palabra.
 El Coronel Vosnitzin viaja de San Petersburgo a Crimea, deteniéndose en Moscú, donde vivió su infancia y juventud. El deseo de volver a los sitios que le vieron crecer, surgía de su pensamiento hacia la muerta, algo ya no frívolo como antes, sino como algo temeroso. El general visita algunos sitios como su antiguo colegio, la escuela de cadetes, entre algunos. Más tarde, se embarca en, lo que me parece, un ferri o algo por el estilo; viajando en primera, y siendo él y una mujer acompañada de su hija los únicos en primera, el viaje le fue placentero; llegando a dormir tan profundo como no hacía en meses o años.
 Al desayunar, la mujer a la que me réferi antes, se hizo presente; al mirarse a Vosnitzin le pareció que había algo familiar en ella, cosa que desapareció pronto en él. Aumentando el calor, el coronel subió a cubierta, seguido por la mujer, donde se dedico largo rato a dar vuelta tras vuelta; en una de ellas, al mirar de nuevo a la mujer retornó esa sensación de conocerle, pero siguió dando vueltas, cada vez más se acrecentaba esa sensación, pero no conseguía recordarla de nada. Y de improviso, al pasar de nuevo cerca de ella, le saludo y entablo conversación con ella. Conversando la mujer le confiesa ser víctima de semejante sentir; ella le dice su apellido: Lvova «apellido de su esposo», con la esperanza de que le fuera familiar, pero no fue así. Él, al revelarle el suyo, de inmediato la mujer se lleno de júbilo; y tras darle ella ciertas pistas sobre su identidad, Vosnitzin atino a reconocerla, de su infancia como Lenochka.
 Siendo esta la que me parece la parte más trascendental y bella de la historia, resumiré los hechos. Conversando ambos y recordando su infancia —algo que, de cierto modo me cautivo llegando a verlo con casi total claridad—, resonando en él el amor no correspondido que recibió de parte de ella, algo que, ahora Lenochka veía como algo más y simpático, quizá, pienso yo, por la lejanía de los años con respecto a aquellos sucesos. Varias páginas relatan lo que vivieron juntos en su infancia, y en compañía de un amigo mutuo Arcadio —poco mencionado—.
 Más tarde le presenta a su hija, recordándole a Vosnitzin a su madre en aquellos tiempos pueriles. El final de la historia me parece sumamente conmovedor; evidentemente no hablare de el por obvias razones.


D. Leon. Maýen


Escribiendo la reseña y reflexionando al hacerlo, creo que de algún modo me ha gustado, además de ser una buena historia, por temer que me pase algo semejante en el futuro. Como sea espero les haya gustado la reseña, y en el caso de que la lean me gustaría saber su opinión.

viernes, 8 de abril de 2016

Reseña: La campesina disfrazada

Reseña: La campesina disfrazada.De: A. S. Pushkin



Comenzare por cómo es que este magnífico «compendio de caracteres» llego ante mis ojos. De forma casual, mirando en la página web de una de una de las librerías que frecuento, descubrí por casualidad la existencia —en busca de obras de un autor—, del libro de diversos autores rusos titulado «Los más bellos cuentos rusos» de: Editores mexicanos unidos; casi de inmediato, y motivado por mi admiración por el cuentista Anton P. Chejov, me arroje a adquirirlo. Tras “agonizar” con las letras de Alan Poe, plasmadas en sus relatos,  es que le he podido meter mano, ja-ja, a esta compilación de escritores rusos; y en parte debido a mi ocupada “agenda literaria”.

Curiosamente este cuento al que hago alusión es el primero en el libro. La narración se desarrolla en una de las provincias del Volga (a principios del siglo XIV); comienza por contarnos sobre dos hombres: Ivan Petrovich y su hijo, quien pronto hará presencia en la historia al retornar de la universidad, y prepararse para formar parte del ejército, pese a las negativas de su padre. Y, su vecino inmediato, Gregorio Ivanovich, de manías anglófilas, y su joven hija; ambos hombres enemistados.
La hija, curiosa hacia el hijo de Petrovich, interroga a su querida criada —con quien no tenía secreto alguno—, al volver esta de la propiedad de los Petrovich; asiendo que le cuente todo sobre el muchacho, así lo hace; y, a la mañana siguiente se escabulle con destino al bosque; previamente con ayuda de sus criada confecciono ropas al estilo de campesina, para así, encontrarse por “casualidad” con el muchacho en el bosque donde sabe suele ir de caza. Él se encuentra repentinamente con ella, quien pese a ser una simple campesina le cautiva con su particular belleza —pues no es alguien despreciativo. Intercambiando palabras, ella miente sobre su nombre, procedencia y familia. Insistente el muchacho sobre verle de nuevo la joven le indica que volverá, cuando, al día siguiente.
 De regreso en su casa, la muchacha decidió no acudir, contrariándose de inmediato al temer que acudiera con el herrero, de quien aseguro —falsamente— ser hija.
El hijo de Petrovich, pasó todo el día pensando en ella; al amanecer se encontraba ya esperándole en el bosque; ella acudió pidiéndole que cesaran con sus encuentros, al confesar este sus sentimientos ella de nuevo acceda a sus encuentros. Así pasaron numerosos días, sin ella confesar sus verdades.
Un día uno de los padres, se hallaba de caza, y el otro recorriendo sus britanizadas tierras. Ambos se encontraron, y tras un accidente de uno de ellos el otro acude en su ayuda, dejando a un lado sus diferencias.
Resumiendo: padre e hijo acuden a casa de Ivanovich, donde, la falsa campesina temiendo ser descubierta, efectúa un particular “espectáculo” para evitarlo. Más tarde ambos caballeros hablan sobre el casamiento entre sus hijos, motivados por afianzar su amistad. Lo demás lo omitiré con la esperanza de que como yo —­y si se ven interesados en hacerlo—, lo lean. El final aunque algo incierto es de mi agrado.

NOTA: No le he resumido con absoluta precisión en los detalles.

Considerándome como un hombre pasional, en diversos sentidos, una de ellas es, sin duda, el romance, en la literatura pero sobre todo la expresión material de este sentimiento. Aunque también, en otra vertiente —y, siendo un ramal que tal vez parte de las mismas raíces— se encuentra la melancolía y tragedia, la desolación, soledad y profunda tristeza; usualmente siendo más lo que escribo que lo que leo.



D. Leon. Mayén