lunes, 28 de marzo de 2016

El cursi (Coger)

Cuento
Durante largo rato, meditándolo y sin atreverme, al final escribí y publique este cuento de mi autoría  (no el primero y espero tampoco el último)escrito en una noche solitaria y de inspiración. Espero que quien lo lea, sea de su agrado o meramente le sirva para entretenerse, cual sea el caso, agradezco el leerme.



El cursi (Coger)


En el reloj montado en la pared, a un costado de mí, marcan ya las once y diez. Ella y yo, nos limitamos, sentados en el sofá, a disfrutar de la compañía del otro; abandonados en la inmensidad de la morada. Ella con su cabeza sobre mi hombro, y con las piernas flexionadas bajo ella. Se giro, mirándonos a los ojos, y, sin advertirlo, deslizo sus labios hacia los míos, para después, acercarlos a la altura de mi oreja, susurrándome al oído.
—¡Qué! —exclamé, horrorizado (quizá exagero).
Ella me miró con asombro y desconcierto; incorporándose en su asiento y apartando la mirada. Yo callé; pensaba en lo próximo que diría y más importante haría.
De nuevo la acerque hacia mí, aprisionándola entre mis brazos; bese su mejilla y dije:
—Comenzare por acariciar tus manos suavemente; besare, y, apenas sentirás el toque de mi piel sobre la tuya, deslizándome por tu brazo hasta llegar al antebrazo. Ahí parare, te mirare a los ojos, y si veo en ellos que deseas que siga tanto como yo, lo haré. Me lanzare sobre tu cuello, tocándolo una y otra vez, sin parar; hasta que me guíes hasta donde quieras que siga. Seguramente será tu boca… nos besaremos unos instantes, pues eso ya lo hemos hecho con anterioridad y constancia. Después de eso, mi amor, te abrazare; acto seguido, resbalaran mis manos por tu espalda, hasta llegar al borde de tu playera, te despojaré de ella con ansia. —Me puse de pie, alejándome a unos pasos del sofá—.  Mientras te beso tan intensamente como sea capaz, te empujare con sutileza; y, sintiendo mi cuerpo cada vez más cercano al tuyo, terminaremos recostados sobre ese sofá, el mismo en el que estas sentada ahora. Me quitaras la ropa y yo a ti, etcétera, podrá ser con lentitud y gentileza o… tan rápido como si fuéramos a quemarnos de lujuria, de no hacerlo así; llegados a ese punto, veremos. ¡Obviamente! Estaremos al final de esa “etapa” desnudos o casi.
“Y bueno… desde ahí, propongo que nos dejemos llevar por todo lo que sintamos en ese momento y, sin tentempiés;  uniendo nuestros cuerpos con tanta pasión como podamos, aunque dejemos al mundo sin una pizca.”
Ella, sentada en el sofá, me miraba en silencio. No sé si molesta, o a caso no sabía que responder a mis tonterías cursis. Como fuera proseguí.
—Ya que te dije esto, te podrás dar cuenta que, esto que… y créeme cuando te lo digo; quiero compartir contigo, a ti que te quiero tanto; algo que quisiera disfrutáramos juntos, con tanta plenitud como nos sea humanamente posible, de ningún modo es: ¡Cogerte… tirarte, follarte, fornicarte, encamarte o como quieras llamarlo! También espero que entiendas a que me refiero, el nombre que daría a ello, que nada tiene que ver ni remotamente con lo anterior…
Mientras hablaba, mirándome los tenis, ella se lanzó sobre mí —interrumpiéndome—, besándome con arrebato, y, jalándome hasta el sofá, donde, bisbiseó a mi oído. A lo que respondí, mirándole con deseo y sonriendo pícaramente, antes de articular:

—Comenzare por acariciar tus manos suavemente…





D. Leon. Mayén


El cursi (Coger) - CC by-nc-nd 4.0 - D. Leon. Mayén

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