sábado, 24 de junio de 2017

Zvezda - Carta a una mujer excepcional

Zvezda


Jamás olvidare aquella tarde, esa tarde mística en la que vi una estrella brillar en pleno día. Tú brillo me guió a salir de mis sombras, esas en las que me guarezco habitualmente. Algo en ti, mi estrella del norte, me llamó en ese momento, atrayéndome incontenible hacia ti, dispuesto —por un impulso arrebatador y desconocido— a conocer el por qué de ese brillo que me clamaba con flamante curiosidad. ¿Cuántas personas había entonces, en el “parque”? Fácilmente más de cien, entre parejas, padres jugando con sus hijos, ciclistas, canes y sus amos, etcétera; pero mi mirada te notó al aproximarme hacia donde sentada estabas; delante del bello jardín. En el poco tiempo que te observé mirabas a todos y a todas direcciones, enajenándote a momentos en tu pensar.

Como fuera; ahora, años después… ahora que te volví a ver confirmo lo que en ese entonces creía saber: que los años sólo te hacen más bella, aumentan tu gracia natural y, ¡ay!, más sexy. Entonces, y sé que lo sabes, no apartaban la vista de tu rostro y… también de tus atributos femeninos.

Treinta ya… Y para mí sigues siendo, en parte, a quien conocí; pero a la vez me embebe la incógnita, el secreto, lo desconocido ahora para mí en ti.       En nuestra “cita” usabas otro labial; un corte diferente, y percibí un deleitante aroma nuevo —aún persiste en mi recuerdo, intenso, el florar que solías usar—. Lo que me contaste sobre tu “nueva” vida me llenó de regocijo —exaltándome también, ya lo sabes, el escuchar tu placentero acento—; saber que en algún lugar en este frío y cruel mundo encuentras cobijo para ser quien eres, con quien quieres, sin importar que tan distantes estemos… mejor así.

Casi seguro, podía ver en tus ojos el reflejo de lo que experimentaba yo en esos momentos: recordando, pero sobre todo anhelando, viejos momentos entre sabanas y diverso mobiliario. Entonces, el impulso de tomarte de la mano y subir a tu habitación besándote de camino era intenso en mí, tanto como el vinculo que nos unió —quizá todavía—, el mismo que con certeza me hace creer que sabrías que pretendía de haberte tomado de la mano, siguiéndome el paso pues los mismos deseos te anegaban. Todo me lo confirmaste cuando, sonriendo incitadora, me tomaste de la mano y con uno de tus pies, enfundado ceñidamente entre irresistibles medias, me acariciaste la espinilla de manera seductora, consiguiendo me enervara de pies a cabeza.

Nada quería en ese momento más que sucumbir ante ti, ante tu venia y voluntad unos pisos sobre nosotros. Hacer todo, y más, de lo que repetidamente refinamos en antaño; invocar de nuevo los secretos que me mostraste; los que apenas recordar, pensar, me turban con exalto, en sobre manera, ardiendo de deseo y lujuria más allá de mi control voluntario. Escribiéndote esto, moy dorogoy, siento tu cuerpo vivo en mi mente, como si te tuviera ante mí… acariciando mi cuerpo y yo el tuyo entre besos y silencio en torno a la atmosfera de pasión y placer sensorial…; lo disfruto y me mata.

Sin embargo nada paso, ya que, pese a que no habría objeciones hacia ti, no podría hacerle eso…; se sentiría después como traición y lo bello y placentero se volvería adverso y amargo; ya me conoces. ja, ja.

Tú, mi numen, mi admirable zhenshchiny, valerosa y tenas, inteligente y feral —según lo amerite—, me mostraste tanto en estos años que mi gratitud sería una ofrenda fatua para tanto… y tanto. Me mostraste que se puede renacer de entre el fuego del ad, que la voluntad y la familia son todo por lo que vale vivir; y que son lo suficiente para lograr salir de un hondo abismo… pero sobre todo que la esperanza nutre para revivir lo que en nosotros ha ardido sin mesura hasta dejarnos derrumbados y sollozantes, deseando termine la, aparente, infinita y desmesurada agonía que nos estruja sin compasión. ¡Qué por personas como tú no es fácil decir adiós!

Dejando a un lado lo árido, lo que más valoro, moya krasivaya devushka, es la huella que dejaste en mí sobre tu género, sobre el divino ser que puede ser la mujer, entre tantos otros aspectos afines y no menos importantes. De no conocerte mi vida… No tendría la percepción que tengo del mundo, para bien y mal.

Igualmente, tengo que decírtelo porque lo considero algo trascendental en mi vida; cambió todo al mostrarme que para “amar” no sólo cuenta —o es imprescindible— “intimar y ya”, que el contacto labial es vital y… ochen' vkusnyy! ¡El placer somos nosotros, no partes concretas! Y la afinidad de edades es mera matemática, no amor o atracción; ja, ja, ja.

Moy lyubovnik, querida mía, titubeaba, no sabía si plasmar esto, pero sintiendo ha pasado el tiempo acorde para hacerlo te escribo esto con profundo cariño… y deseo. ;)

Sé que no responderás a mi misiva, sin embargo, me basta con saber que la leerás.

Sigo soñando con ser tan fuerte como tú, afrontar y salvar lo que se me atraviese… Cómo solías decir: «Si quieres, hazlo»; yo digo: «Somos quienes somos; para bien y mal».

Te quiero, 7o-2l-38-11-
Siempre tuyo, Д. Л. М.


In this garden... she and I...

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